Editorial

¿Dónde queda la víctima?

Con ‘La Manada’ ya en la calle, la indignación social es aún mayor tras conocerse el auto de la puesta en libertad provisional de los cinco condenados, en el que se antepone la reinserción a los agresores a la protección a la víctima

Sábado, 23 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:52h.

conocido el auto por el que la sección segunda de la Audiencia de Navarra ha decretado la puesta en libertad bajo fianza de 6.000 euros de los cinco miembros de La Manada (ya en la calle) condenados a nueve años de cárcel por abusar sexualmente de una joven en sanfermines de 2016, el estupor, la indignación, la rabia y el descrédito de la justicia es aún mayor que anteayer si cabe. La sociedad ha dicho basta. Lo ha dicho alto y claro. Ha dicho que basta ya de una justicia que no protege a las víctimas sino que, al contrario, ampara a los agresores sexuales. Ha dicho y sigue diciendo que hay que poner fin a una justicia patriarcal y machista que no ve a las mujeres como sujetos con los mismos derechos. Y si el derecho no garantiza aquello para lo que existe, habrá que cambiarlo y modificar el Código Penal. El mensaje de este nuevo auto para las mujeres es que los jueces, sean hombres o mujeres, no les creen en sus testimonios y recuerda que si no te resistes y te dejas agredir tu denuncia no servirá, porque no hay prueba humana que pueda poner sobre la mesa la impotencia y el miedo tras una agresión sexual. Y solo tienes la versión de la víctima frente a la del agresor. Creer o no creer. Esa es la cuestión. El auto de la puesta en libertad provisional llega dos meses después de la sentencia en la que dos de los jueces condenaron a los acusados mientras el tercero, en un indignante voto particular, les consideró inocentes. La jueza que ahora ha cambiado de parecer es la que ha declinado la balanza para su libertad con los increíbles argumentos de que como son personas muy conocidas no van a delinquir de nuevo. ¿Cómo lo saben y se atreven a afirmarlo, acaso son adivinos antes que jueces? Muchos de los violadores por desgracia reinciden y gran parte de los agresores con orden de alejamiento la incumplen. Alegar a las “extraordinarias dificultades” que van a encontrar los condenados para una vida normal por la “magnitud” del “rechazo social” que ha generado “la repercusión” del caso y “la presión que ha desatado” es ofender a toda la sociedad que no ha hecho sino arropar a la víctima en su denuncia. Una víctima a la que obligan a quedar recluida en Madrid, el único lugar donde no puede encontrarse con La Manada. Y van más allá al considerar que 500 kilómetros pueden “garantizar la tranquilidad y sosiego de la joven”. A ella solo le queda uno de tres, el juez Cobo que se ha mantenido firme en la gravedad del delito y ha asegurado que las condiciones previstas para la libertad provisional pueden ser “ineficaces” para la protección de la víctima. Ese es el tema. Más que una libertad provisional para La Manada parece que han dictado una orden de reclusión para la mujer violada.