Cartas a la Dirección

El sufrimiento de los inocentes

Miren Jone Azurza - Sábado, 23 de Junio de 2018 - Actualizado a las 11:49h.

Me duele, me duele en el centro de mi ser, en ese espacio sin tamaño que es lo mejor de uno mismo, el sufrimiento de los inocentes. Bien mirada, la historia humana ha soportado desde el principio grandes calamidades, enormes injusticias, atroces maltratos, un llanto permanente. Hoy mismo es imposible ser persona consciente, sin pensar en la situación de la humanidad entera, porque escuchamos el lamento de tanto niño, tantos jóvenes, tantas familias que, perdido todo lo que les servía para sobrevivir, se arrastran como pueden hacia algún lugar habitable, siempre demasiado lejano y desconocido. Faltos de lo más necesario: sin agua ni comida ni cobijo, intentan seguir respirando y poder dar el paso siguiente hacia la esperanza. Todo porque guerras, bombas o hambrunas los han espantado de sus tierras. Saben por experiencia que los más débiles se quedan en el camino. Nunca llega la vista del mar en el que han puesto su esperanza de una embarcación que los admita en su espacio, aún a cambio de todo el dinero que llevan encima. ¡Ay de esta Europa rica que les cierra muchas puertas! Vergonzosa también la indiferencia de quienes teniendo todo lo necesario nos olvidamos de esos nuestros hermanos y hermanas, una vez que alguna organización humanitaria o una buena política solidaria se hacen cargo de los primeros auxilios. No deberíamos conformarnos con esto. Estamos moralmente obligados a dar nuestra talla fraterna. Mientras exista hambre en nuestro entorno, da vergüenza ese aprovechar cualquier día de la semana para organizar distintos modos de comer y beber sin ninguna necesidad. Mientras haya personas mayores que lo pasan mal, habría que invitarles a estas pequeñas juergas gastronómicas o bien tirar del bolsillo, discretamente, para ayudarles a vivir mejor. En cualquier caso, no podemos olvidar a quienes, hombres, mujeres o familias vivan en nuestro entorno o no, necesitan ayuda para el día a día. Seamos humanos, seamos compasivos. En la medida en que nos sea posible hagámonos amigos de esos inocentes sin mirar su color, su edad o su sexo.