La ‘leyenda’ más generosa

Ighalo, en su época como jugador del Granada, club con el que ascendió de Segunda B a Primera. (efe)

El delantero Odion Ighalo, referente ofensivo de Nigeria en el Mundial, destina parte de su salario para ayudar a causas caritativas en su país, como la creación de un orfanato en una de las localidades más pobres.

Un reportaje de Nagore Marcos - Viernes, 22 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:28h.

Odion Ighalo (Nigeria, 1989) es un viejo conocido de la liga española, sobre todo por los grandes momentos que le hizo pasar al Granada. El delantero protagonizó los capítulos más brillantes del club andaluz y sus goles destacaron más por decisivos que por abundantes. Porque Ighalo llegó desde el Udinese al Granada como fichaje estrella cuando el club deambulaba por la Segunda División B y, en menos de dos temporadas, consiguió el ascenso a Primera con dos goles clave -el primero ante el Alcorcón y el segundo ante el Elche, que se recuerda por su serpenteo entre rivales antes de fusilar a meta-. Dos dianas en dos fases de promoción diferentes que hicieron que el conjunto nazarí subiera a la máxima categoría del fútbol estatal.

En apenas dos años, Ighalo había contribuido, con sus tantos determinantes, al meteórico ascenso del Granada desde Segunda B hasta Primera. Y así fue como el nigeriano pasó a ser la leyenda para los aficionados nazaríes. Sin embargo, el delantero no solo se hizo grande por su fútbol desequilibrante y eficaz, sino también por los movimientos que realizaba fuera de los terrenos de juego. Porque Ighalo siempre ha tenido el propósito de ayudar a quienes han tenido menos suerte que él y por eso, desde que puede vivir sin agobios económicos, el nigeriano aporta parte de su sueldo a causas sociales.

Es más, después de salir de las filas del Granada, el atacante se marchó al Watford inglés, donde también cuajó dos grandes temporadas, y finalmente recaló en el Changchun Yatai de China. Lo que parecía un paso atrás en su carrera terminó por convertirse en su salto definitivo. Y es que por fin Ighalo fue llamado a las filas de Nigeria para el Mundial de Rusia. El pasado sábado, el exnazarí debutó en una cita mundialista. Sin embargo, el propio futbolista reconoció que ese no fue el mejor día de su vida. Porque a pesar de estar viviendo uno de los mejores momentos de su trayectoria, Ighalo mantiene los pies en el suelo.

Para este futbolista su mejor jugada, la más solidaria, fue financiar un orfanato en uno de los barrios más pobres de Lagos, su localidad natal. El africano siempre ha tenido muy presente su origen humilde y, por eso, desde que su carrera deportiva se lo permitió, envía mensualmente gran parte de su salario a causas caritativas en Nigeria. Las precarias escuelas fueron su primer objetivo a mejorar. Después fueron las viudas. Las mujeres más denostadas en la economía nigeriana, las personas con menos recursos, siempre por debajo del umbral de la pobreza. Y, finalmente, la leyenda de Granada quiso ir más allá y financiar el Ighalo Orphanage Home, su gran proyecto altruista.

Situado en Ijegun, uno de los pueblos de Nigeria con mayor indigencia, y en el que nació el jugador, este orfanato viene a mejorar los escasos servicios sociales de la zona y permitir a cuarenta menores disfrutar de la infancia y gozar de oportunidades para desarrollar una mejor vida. Ese era el sueño de Ighalo desde que emigró a Europa gracias a su fútbol, deporte que le ha llevado hasta el Mundial de Rusia. “Ayudo a la gente de mi país desde que empecé a jugar como profesional no porque tenga mucho dinero ni sea millonario, sino porque tengo unos orígenes sencillos y sé lo que es no tener nada. Quiero que los demás tengan la oportunidad de ser tan felices como lo soy yo”, explicaba el delantero en la inauguración del orfanato.

Complicada infancia A Ighalo no le gusta mucho hablar de su generosidad: “Es más importante hacerlo que contarlo”, dice. Pero no tiene reparos en rememorar su niñez, el precario pasado en el que creció que hoy en día le ha hecho ser leyenda más allá de los terrenos de juego: “Soy el menor de siete hermanos criados en una familia muy pobre pero que, afortunadamente, comía tres veces al día. Recuerdo que utilizábamos frutas podridas como balones por los descampados de mi barrio. Sé lo que es no tener nada y sé que gracias al fútbol puedo mejorar la vida de niños que están en la misma situación en la que estuve yo”.

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