Mesa de Redacción

La muerte por costumbre

Por Ana Úrsula Soto - Jueves, 21 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Cae la noticia como un jarro de agua fría. “Murió anoche”. Te preparas para pasar el trago y se pone en marcha la maquinaria. Quedar para ir al tanatorio para darle el pésame a la familia u optar por el funeral. Encargar las flores (debate vía WhatsApp sobre si debe ser un centro o una corona, sobre el mensaje, el coste, etcétera...). Pasan las horas y te enteras de que no va a haber funeral, así que la opción del tanatorio se impone por sí sola. La van a incinerar en un acto íntimo. Tampoco depositarán las cenizas en nicho alguno. ¿Qué pasa entonces con las flores? “Ella no quería”. ¡Ups! Se intenta deshacer el entuerto, pero el encargo ya está en marcha y en la tienda de flores no dan opción, así que el centro acaba junto a la mujer que había dicho expresamente no querer flores en su despedida, con un bonito mensaje de los amigos de tu hija. ¡Malditas tradiciones! No podemos elegir cómo morir pero tampoco podemos controlar cómo despedirnos. Las horas en el tanatorio son casi siempre una agonía para la familia, pero se impone el peso de la costumbre. La muerte llega en pack: féretro, flores, esquelas, incineración o enterramiento y tramitación de las últimas voluntades. ¿Qué pasa cuando te desvías de lo establecido? Ni muerto puedes hacerlo...

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