El mito en su intimidad

Ayrton Senna, pilotando su Lotus en 1985.

La última noche de Ayrton Senna relata cómo fueron las últimas horas previas al accidente mortal del talentoso piloto brasileño en 1994 en imola

Un reportaje de Néstor Rodríguez - Jueves, 21 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - Ayrton Senna es uno de los grandes nombres de la Fórmula 1. El brasileño, pese a que sus tres títulos mundiales han sido superados por hasta cinco pilotos, es considerado por muchos especialistas como el mejor de la historia. Su habilidad al volante, sus exhibiciones sobre el asfalto mojado y su personalidad le elevaron al estrellato del deporte y un fatal desenlace en forma de muerte mientras disputaba el GP de Italia de 1994 en Imola lo convirtieron ya en leyenda.

Su figura es recuperada por el periodista italiano Giorgio Terruzzi -que siguió toda la trayectoria deportiva del piloto, con el que le unió además una relación de amistad- en el libro La última noche de Ayrton Senna, donde trata de meterse en la cabeza del piloto, en sus pensamientos, en las horas previas al accidente que acabó con su vida a la tierna edad de 34 años. Porque no estaba siendo un fin de semana cualquiera. El viernes, en los entrenamientos libres, un compatriota de Senna, el entonces jovencísimo y prometedor Rubens Barrichello, sufrió un fuerte accidente que hizo temer lo peor, aunque salió ileso. No fue así en el caso de Roland Ratzenberger, austriaco novato en la Fórmula 1 que se estrelló contra un muro a más de 300 kilómetros por hora para perder la vida en la calificación del sábado.

Pese a que la perspectiva del tiempo hace pensar que lo normal hubiera sido cancelar el Gran Premio del día siguiente, la organización aplicó aquello de que el espectáculo debe continuar. Pero el estado de ánimo en el paddock era sombrío. Los dos incidentes habían afectado sobremanera a Ayrton Senna, la estrella del Gran Circo por aquel entonces, que se planteó incluso no participar al día siguiente en la carrera, opción que finalmente descartó, quizás porque era la tercera carrera de la temporada y en las dos primeras ni siquiera había puntuado. Pero el sábado fue un día de pensamientos, de reflexiones, de rebobinar su vida, de poner en orden su cabeza, especialmente después de cenar, en la soledad de la habitación 200 del Hotel Castello, donde siempre se alojaba para disputar el Gran Premio de San Marino.

Esas horas son las que dan forma al libro de Giorgio Terruzzi, que juega a meterse en la cabeza de Senna en esa noche en la que el autor imagina al piloto repasando su vida, poniendo en orden sus ideas, tratando de calmar su intranquilidad, quizás debido a que tenía un mal presagio para el día siguiente. A este cóctel de sensaciones había que unir su relación con Adriane, noviazgo mal visto por parte de su familia.

Los primeros recuerdos, pasada ya la medianoche, se van a su infancia, a su primer kart que empezó a manejar con apenas cuatro o cinco años y que alcanzaba los 60 kilómetros por hora. Su habilidad al volante era innegable y el pequeño Ayrton -al que su familia y los más íntimos amigos llamaban Beco- disfrutaba los fines de semana al mando de su kart. Con ocho años tuvo ya su segundo vehículo, que alcanzaba los 100 kilómetros por hora.

“Lo que hagas, hazlo bien”. Era el principal consejo paterno que recibía Ayrton Senna. Y lo aplicó al automovilismo. Pronto se vio que era una gran promesa y que su futuro estaba en los circuitos. Ganó cuatro títulos de karts de su país y en dos ocasiones rozó el título mundial. Con 20 años se fue a Inglaterra, con el objetivo de comprobar si tenía madera para ser un profesional de los monoplazas, pese a que para entonces su padre no quería que Ayrton fuera piloto. La difícil relación entre ambos ocupa unas cuantas páginas del libro. Quiso que dejara los circuitos y lo pone a trabajar en una de las empresas familiares, pero él vuelve al automovilismo como una atracción imposible de evitar, y su padre acaba cediendo. Su hijo será una estrella mundial al volante.

Su éxito en la Fórmula Ford le hace dar el salto a la Fórmula 1 con Toleman, modesto equipo con el que empieza a mostrar su habilidad al volante en el GP de Mónaco bajo la lluvia. No gana, pero sí lo hace con unas condiciones parecidas en Portugal al año siguiente con Lotus. Momentos que empiezan a marcar su carrera y que recuerda ya de madrugada, tumbado en la cama e incapaz de dormir. Esos años iniciales dan pie a recordar sus duelos y su enemistad con otro brasileño, Piquet. Aunque su gran contrincante fue un francés, Alain Prost. Fueron años intensos para Senna: la rivalidad con Prost es fuerte y en el plano sentimental comienza una relación con la cantante Xuxa, con lo que eso supone a nivel mediático.

En 1990 logra su segundo título al chocar queriendo en la última carrera precisamente con Prost. “Aquel acto era la manifestación del lado más oscuro de su personalidad”, dice el autor. Un acto que le persigue para siempre, hasta su última noche, en la que recuerda también su tercer título, un año después, ese sin ninguna sombra de duda y conquistado también en Suzuka.

Son ya casi las cinco de la mañana, pero siente le necesidad de seguir poniendo orden en su cabeza, de “llegar a la meta”. Piensa en que tiene que hablar con pilotos, con jefes de equipo al llegar al circuito al día siguiente. Le vienen a la cabeza imágenes de otros accidentes. “Está exhausto, pero ha valido la pena. Ha recorrido los años de su vida, un viaje imposible de realizar en pocos minutos. Ha necesitado una noche entera, esta noche tan extraña, tan necesaria. Tan ordenada”. Senna duerme poco antes de ir al circuito de Imola al día siguiente, donde en la séptima vuelta pierde la vida.

ficha libro

‘la última noche de ayrton senna’

156 páginas

Editorial Contra

Giorgio Terruzzi

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