Pello Bilbao ciclista del astana

“No soy un gallo, pero sí que tengo otra ambición”

Pello Bilbao, sexto en la general del Giro de Italia y ganador de una etapa en el Dauphiné, atiende a este periódico antes de comenzar las vacaciones para “desconectar del ciclismo”

Una entrevista de César Ortuzar - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Donostia - Cansado pero feliz, Pello Bilbao (25 de febrero de 1990, Gernika) reconoce que el recibimiento que le hizo su pueblo tras el Giro le puso más nervioso que verse entre los mejores de la carrera italiana. Después de su hito en la Corsa rosa, el vizcaino estiró su gran estado de forma para levantar los brazos en la etapa reina del Criterium del Dauphiné, su mejor victoria hasta la fecha. “Ha sido muy importante para mí”, asume el gernikarra, que ha dado un paso adelante desde que apostara por el Astana. En los próximos días, Pello Bilbao se alejará de la bicicleta “para desconectar” y encarar la segunda parte de la temporada con garantías.

Ganó en el Tour de los Alpes, fue sexto en el Giro y logró un triunfo de etapa en el Dauphiné para cerrar el primer bloque de la temporada. Mejor imposible.

-Sí, mejor imposible. Me ha salido redondo. Después del sexto puesto en el Giro, con todo lo que ha supuesto para mí, vencer en el Dauphiné ha sido muy bueno. Siempre he intentado no relajarme demasiado porque soy consciente del trabajo que cuesta llegar a un estado de forma en el que sientes que está todo perfecto. Eso lo tienes que aprovechar. Quería hacer un buen papel en el Dauphiné, pero no es tan fácil porque en ocasiones la cabeza te manda parar y dice: hasta aquí. Ganar en el Dauphiné es un subidón para mí. No soy un corredor que lleva ganadas veinte carreras.

¿Le sorprendió su actuación en el Giro de Italia?

-No había pensado en terminar el Giro en sexta posición, para nada. Las cosas sucedieron así. Todo empezó con la crono en Israel. A partir de ese momento me dije: vamos a intentar mantener esta posición el mayor tiempo posible.Para mí era un honor estar entre los primeros en un Giro y tampoco quería regalarlo ni dejarlo marchar así por así. Estando a pocos segundos de la maglia rosa en esa primera semana piensas que tal vez se te pueda presentar la opción de cogerla, así que había que estar allí. Me mantuve atento y el cuerpo respondió. Fui cogiendo confianza a medida que avanzaba la carrera y así hasta el final. Cuando más cerca me veía de cumplir el objetivo más nervioso me ponía y más tensión sentía. Fue entonces cuando más miedo tuve de perder lo conseguido.

Su sexto puesto en el Giro y la victoria de etapa en el Dauphiné hablan de un ciclista con más poso.

-Sí. Está claro que la madurez es un punto importante. La experiencia te enseña cuándo gastar, cuándo no, cómo llevar el ritmo del día a da, cómo gestionar situaciones estresantes… Para mí todo esto ha sido algo nuevo, pero llevo ocho años en el ciclismo profesional y sabes cómo gestionar el lado emocional, controlar la mente, concentrarte… La madurez es la que te da ese plus.

¿Nos encontramos ante un nuevo Pello Bilbao?

-Creo que sí. En lo que llevo de temporada he dado un gran salto y he subido bastante el nivel. A mí no me gusta cambiar de la noche a la mañana, no soy una estrella, pero sí es verdad que, físicamente, el Pello de ahora es un ciclista mejorado, un corredor en progresión.

Durante el Giro se codeó con Froome, Dumoulin… ¿Cómo lo vivió?

-A finales del año pasado, en la Vuelta a España, me vi que podía estar con ellos. No les veía tan lejos porque en unos días concretos tenían un ritmo más o menos alcanzable para mí. Me veía capaz de estar con ellos en puertos exigentes. Entonces cambié el chip. Lo que pensaba que hasta entonces era algo imposible, parecía que se estaba acercando. Todo eso hizo que este año empezase con otra confianza.

¿Qué recuerda del ataque histórico de Froome en La Finestre?

-En aquel momento sabes que estás viviendo una etapa especial. No es normal ver un ataque a 80 kilómetros de meta. Yo pensaba: estoy siendo parte una etapa épica;la que se va a montar. Tenía buenas piernas y tenía la esperanza de coronar La Finestre con los de delante, pero uff, en cuanto entré a la zona de sterrato, se me atragantó la subida completamente. Tuve que poner los pies en la tierra y coger mi ritmo y a sobrevivir. La exhibición de Froome fue algo fuera de lo normal, inesperado en el ciclismo de hoy en día. No se suelen ver actuaciones de ese tipo. Me impresionó.

¿Es complicado controlar mentalmente las situaciones de estrés producidas por estar delante?

-Sí. Sobre todo si no estás habituado a ello. Era una situación nueva para mí. La gente está pendiente de ti. De repente recibes más de cincuenta WhatsApp diarios. Los periodistas están más encima y en el equipo también notas que la gente espera que tú no falles. Todo eso va sumando. Es una carga que tienes que intentar quitártela de encima para que no te quite el sueño y no te impida la recuperación. Tienes que intentar que no influya en el esfuerzo que tienes que hacer.

¿Se ha sentido cómodo en ese papel?

-Sí. Todos los ciclistas trabajamos para mejorar el nivel y, a medida que el nivel sube, tenemos objetivos más ambiciosos. Eso no quiere decir que siempre tengas que estar disputando. Soy consciente del nivel que tengo y depende de cómo esté me adapto a un papel o a otro. No tengo ningún problema. Me he sentido cómodo porque el cuerpo ha respondido a la exigencia.

Después del Giro, de estar con los gallos, ¿percibe que ha crecido como ciclista?

-No me veo como un gallo, pero sí es verdad que tengo otra ambición. Tal vez por eso no me dejé llevar en el Dauphiné. Fui con la intención de competir, sin perder el tiempo y aprovechar el estado de forma. El equipo confiaba en mí y les he querido devolver esa confianza. Es en esos momentos donde te ganas el respeto del equipo, cuando ellos trabajan para ti y tú eres capaz de responder en esa situación.

¿Se siente mejor ciclista?

-Puede ser. Lo que está claro es que llevo una progresión y espero no estancarme. Creo que la edad me puede permitir ir más para arriba aún. Quiero seguir mejorando año a año. Para mí esa es la motivación de ser ciclista.

Se esperará más de usted tras estas actuaciones. ¿Es consciente de ello?

-Sí. Esos son los peligros de hacer una buena temporada, que el nivel de exigencia crece, pero, bueno, es algo de lo que soy consciente. A base de trabajo y de tener los pies en la tierra creo que es algo que podré afrontar.

¿Cuál considera que puede ser su techo?

-Nunca me ha gustado crear expectativas a mi alrededor ni tampoco marcarme objetivos demasiado ambiciosos. Prefiero no hablar mucho de ello porque no se sabe nunca hasta dónde se puede llegar. Tampoco imaginaba hacer un top 10 en una gran vuelta y he sido sexto en el Giro;por lo tanto, quién sabe dónde está el final de esa progresión. Lo mismo he tocado techo o puede ser que aún me queden peldaños por subir.

Cuando empezó en el ciclismo, ¿pensó en llegar tan lejos?

-No, no, para nada. Quién se imaginaría que tenía una etapa del Dauphiné en las piernas cuando empecé en la Gernikesa. No sueñas con hacer estas cosas. Lo hablaba el otro día con los de la cuadrilla. Fui de los últimos que entraron en el equipo porque jugué a fútbol hasta los 14 años. Primero jugué como portero y luego jugaba en la banda porque tenía libertad para atacar y defender. Corría como un pollo sin cabeza… (risas). Pero no me gustaba el ambiente del fútbol y lo dejé. Empecé en el ciclismo por mis amigos. Les veía que disfrutaban. Encontré un ambiente más de equipo. Me divertía mucho con la bici y no me costaba esfuerzo. Ahora los amigos me dicen:llegaste el último y mira, eres el único que sigue.

Asistió en directo a la victoria de Froome en el Giro. En tres semanas arrancará el Tour. ¿Quién es el favorito para ganar la carrera desde su punto de vista?

-Es complicado… No lo sé. Igual quieres ver de favorito a alguien más cercano, como Mikel Landa, por ejemplo. Me encantaría verle ahí, con toda la libertad del mundo y sacando todo su potencial, sin ningún freno. Pero por parte del Sky está Froome, con un bloque muy potente y que no suele fallar. La cosa creo que estará entre Movistar y Sky.

¿Es Mikel Landa tan bueno como para llevarse el Tour?

-Sí, es tan bueno como parece. Está claro. Con lo que ha demostrado hasta ahora es suficiente como para pensar que puede ganar un Tour. Landa siempre ha tenido ese carácter de atacar y de intentar disfrutar sobre la bicicleta, más que de ir sufriendo y aguantando. Prefiere sacar su talento y, venga, a probar.

¿Cuáles serán sus próximos objetivos?

-La Vuelta. Antes correré la Clásica de San Sebastián y la Vuelta a Burgos. Me gustaría estar en el Mundial, que con ese final puede ser un buen lugar para estrenarme. Me encantaría. Es un Mundial perfecto para escaladores;espero que el seleccionador, Javier Mínguez, cuente conmigo.

En la Vuelta tendrá marcada la etapa que finaliza en el Oiz, un lugar por el que entrena.

-Si hay alguna etapa a la que le tengo ganas es a la que acaba en Oiz. Seguramente que soy de los pocos que lo he subido en numerosas ocasiones. Es un puerto habitual para mí.

¿Ya sabe dónde atacará?

-En la subida a Oiz cualquier punto para atacar es bueno una vez se gira a la derecha en el Balcón de Bizkaia. Allí la carretera pone a cada uno en su sitio.