El ‘Maestro’ se mantiene firme

ÓSCAR | Tabárez, el segundo técnico más veterano en entrenar en un mundial, padece una neuropatía crónica

Un reportaje de Jon Larrauri - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Fue en junio de 2016, durante la Copa América, cuando el estado de salud del Maestro -llegó a ejercer de profesor antes de dedicarse de pleno a los banquillos- comenzó a ser motivo de rumores al comprobarse que en gran parte de los entrenamientos de su selección debía trasladarse en un carrito motorizado y que en los partidos casi siempre tenía que andar ayudado de dos bastones o de dos muletas. Su intención era que sus problemas de salud no acaparasen titulares -“Mi estado de salud pertenece a mi privacidad;estoy aquí, trabajando y hablando con ustedes, que no se infle ninguna bola”, pidió a los periodistas antes de que arrancara el campeonato-, pero no lo consiguió y hubo incluso periódicos que publicaron que sufría el Síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad neurológica que incluye un conjunto de trastornos caracterizados por una parálisis progresiva de las extremidades con disminución marcada o ausencia de reflejos.

Finalmente tuvo que ser Tabárez el que negara este extremo y el que explicara que lo que sufre es una neuropatía crónica. “No convivo con ningún tipo de dolor. La neuropatía me causa problemas motrices, sobre todo en la marcha. Ahora estoy solo con un bastón, pero cuando el piso es más o menos firme no uso ninguno. Al ser una enfermedad crónica, a veces estoy un poquito mejor y a veces hay ciertas situaciones”, dijo en el diario Subrayado, con una declaración de intenciones: no iba a renunciar al cargo.

Dicho y hecho. Tabárez sigue al frente del combinado charrúa. Camina ayudado por una muleta, pero mantiene su muy lúcida mente, el verbo contundente y didáctico y las maneras que le han llevado a ser querido y respetado por varias generaciones de jugadores desde que comenzara su singladura por los banquillos en 1980 tras tener que poner fin a su modesta trayectoria como jugador a los 32 años por las lesiones. Ganó la Libertadores con Peñarol (1987), el Apertura con Boca Juniors (1992), dirigió de manera efímera y poco exitosa al Milan (1996) y pasó por el Oviedo (1997-98), pero ha sido en sus dos etapas al frente de la selección de Uruguay donde el Maestro ha dejado verdadera huella.

En la primera, llevó a los charrúas a los octavos de final del Mundial de Italia 1990. La segunda, sigue abierta. Llegó al cargo en 2006 después de que la selección ni siquiera se clasificara para tres de los anteriores cuatro Mundiales y lo hizo con plenos poderes, presentando un plan global -Proceso de institucionalización de selecciones y la formación de sus futbolistas, se llamaba- que incluía a todos los combinados, desde la sub’15 hasta la absoluta, para establecer una forma de funcionamiento que sirviera para relanzar el fútbol en el país.

Las cosas no le han ido mal, pues no solo ha clasificado a Uruguay para las últimas tres citas mundialistas (semifinalista en 2010, llegó a octavos en 2014), sino que logró el título en la Copa América de 2011. Y no solo eso. Su plan ha asegurado el relevo generacional con la llegada a la absoluta de jóvenes como Giorgian de Arrascaeta, Rodrigo Betancur o Nahitan Nández.

Convertido en el segundo técnico más veterano en dirigir un duelo mundialista -lo hizo ante Egipto con 71 años, 3 meses y 13 días y solo tiene por delante a Otto Rehhagel, que en 2010, con Grecia, lo hizo con 71 años, 10 meses y 4 días-, Tabárez se mantiene firme al frente de Uruguay. Ayudado por una muleta, pero firme.