BERTAKO GAIA

El embrión de Mondragon Unibertsitatea

Alumnos de la Escuela Profesional durante su etapa en Zaldispe, en un edificio que se convirtió después en el centro asistencial, el germen del actual hospital . (Foto: Goi Eskola Politeknikoa.)
De izquierda a derecha, José Ramón Goikoetxea, José María Larrañaga y Javier Aperribay. (A.D.)

La Escuela Profesional-hoy Mondragón Goi Eskola Politeknikoa- que creó José María Arizmendiarrieta y que fue el germen del movimiento cooperativo, cumple 75 años

Un reportaje de Anabel Dominguez - Martes, 19 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:04h.

Octubre de 1943. Ese mes iniciaba su andadura la Escuela Profesional, embrión de la actual Mondragón Unibertsitatea. Siguiendo la máxima de que “vale más encender una cerilla que maldecir la oscuridad”, José María Arizmendiarrieta se dirigía unos meses antes a los industriales de Arrasate primero, y después al pueblo en general, para anunciarles el alumbramiento de este proyecto. El parto fue complicado porque ponía en cuestión el status quo dominante en aquella época que determinaba que “el hijo del ingeniero, ingeniero, y el del peón, peón”.

La Escuela Profesional sopla este año las velas de su 75 cumpleaños. Surgió al calor de la preocupación de los grupos de Acción Católica por la educación de los jóvenes de la zona. Los objetivos de Arizmendiarrieta eran, entre otros, la “atención a la escolarización y el desarrollo socioempresarial”, apuntan Juan Leibar y Joxemi Azkarate en el libro Historia de Eskola Politeknikoa que se publicó en el 50º aniversario.

Recién ordenado sacerdote, Arizmendiarrieta desembarcó en Arrasate en febrero de 1941 para desempeñar las funciones de coadjutor de la parroquia de San Juan Bautista. Pronto comenzaron a aflorar sus pretensiones de crear un centro de formación profesional abierto a todos los hijos de trabajadores, sobre todo, tras sus intentos frustrados de abrir la Escuela de Aprendices de la Unión Cerrajera a otros jóvenes que no tuvieran vínculos familiares con la citada empresa. Precisamente, en Aprendices había empezado a impartir “formación social” y fue en sus aulas donde conoció a los cinco jóvenes que en 1956, bajo su égida, fundaron Ulgor, la primera cooperativa industrial.

Pero antes de aquel hito, el cura de Markina puso la primera piedra del cooperativismo fundando un centro educativo que respondía a su ideario. “Apeló a todas las fuerzas vivas de Mondragón” para llevar a buen puerto su objetivo, y el 10 de octubre de 1943 tenía su puesta de largo la primitiva Eskola Politeknikoa, en el desaparecido edificio de las Escuelas Viteri, con 20 alumnos de unos 14 años y un presupuesto para ese primer curso de 44.200 pesetas. En aquel inicio se impartió Oficialía Industrial en la especialidad de Mecánica y el plan de estudios constaba de tres cursos.

“El mayor obstáculo radicaba en la falta de conciencia del alcance de la promoción cultural y técnica, tanto por parte de los patronos como de los obreros”, destacan Leibar y Azkarate.

Las dos primeras décadas de rodaje fueron de “auténtica penuria”. El tren estaba en marcha con unas subvenciones oficiales muy escasas que condujeron a echar mano de la “buena voluntad” de las empresas -de Arrasate, Aretxabaleta, Eskoriatza y Oñati- y las cuotas de los socios voluntarios de la Liga de Educación y Cultura. “Elma marcaba la pauta de las empresas colaboradoras, con una cuota por obrero y año que durante un largo período fue de cien pesetas”, detallan Leibar y Azkarate.

En este contexto, Arizmendiarrieta llevó a cabo una ingente recolección de ayudas y apoyos que dio su fruto, y que se sumaron a los ingresos recabados mediante quinielas, rifas y entradas de espectáculos. Esta labor trajo consigo la compra de los terrenos de Iturripe por 200.000 pesetas, donde en junio de 1963 despegaron las obras de las actuales instalaciones (con sus posteriores ampliaciones), que fueron inauguradas el 13 de septiembre de 1967. Pero antes del arranque de esta etapa, de 1952 a 1964 Eskola operó en Zaldispe, en el antiguo almacén de ferretería Cometal.

experiencias En estos tres cuartos de siglo de recorrido, numerosos han sido los alumnos que han pasado por las aulas del centro. José Ramón Goikoetxea es uno de ellos. Pertenece a la primera promoción de ingenieros propia de la Escuela Politécnica Superior (las primeras hornadas de peritos industriales se diplomaron en Zaragoza). “Cuando terminé la carrera quería ser profesor a toda costa, pero en las cooperativas necesitaban a gente”, comenta Goikoetxea, que en su larga trayectoria en la Corporación Mondragon, entre otros cargos ha sido vicepresidente de División de Automoción hasta que se jubiló. En la recta final de su vida laboral, además, estuvo al frente de la presidencia del Consejo Rector de Mondragon Goi Eskola Politeknikoa.

“Con 19 años trabajaba como delineante en la empresa Tesa. Tenía vinculación con la JOC (Jóvenes Obreros Católicos) y nos reuníamos en Mondragón en el centro de Acción Católica, donde asistía don José María”, relata José María Larrañaga sobre su llegada a Eskola. Desde Eskoriatza se desplazaba en bicicleta. “Todo era un permanente descubrimiento, lo que aprendía en clase lo aplicaba en Tesa”, recuerda con entusiasmo de los años como alumno de Ingeniería Mecánica, “en los que pronto me empezaron a interesar los principios del cooperativismo y otras cuestiones”.

Jubilado hace 12 años -sigue embarcado en distintos proyectos- y tras haber pasado por Copreci, Ederlan y el centro Otalora, Larrañaga cerró su ciclo laboral en Goi Eskola Politeknikoa, donde ejercicio de profesor cinco años en materia de organización, gestión de equipos y comunicación.

“En mi caso empecé en septiembre de 1976, en diciembre de ese año cumplía 14 años. Primero cursé FP1, luego FP2 y finalmente ingeniería”, explica el profesor Javier Aperribay. Las vivencias de aquellos años se almacenan en su memoria. “Hay cosas que se quedan grabadas como el moverse con 14 años en autobús todos los días desde Eskoriatza a Arrasate, o los primeros días de la clase del taller con un buzo azul, ordenados por altura desde el más bajo al más alto, y la seriedad que había en los talleres”, narra Aperribay.

“Hace 40 años los alumnos de FP éramos mayoría comparando con los que estudiaban ingeniería;en estos momentos es justo lo contrario. Antes, a diferencia de ahora, había dos opciones, Mecánica y Electrónica;la escuela se ha adaptado a los nuevos tiempos pero la vocación sigue siendo la misma: por medio de la formación desarrollar a las personas para que contribuyan a construir una sociedad mejor”, recalca Aperribay. “La Escuela Politécnica ha vivido un desarrollo importante con la apertura de nuevos campus, relaciones con otras universidades, el tema de la internacionalización…”, añade Goikoetxea.

75 años han pasado de aquella semilla plantada en 1943, germen de la Corporación Mondragon. El centro puede presumir de haber formado en todo este tiempo a más de 36.000 técnicos e ingenieros, mientras que la tasa de inserción laboral es del 94,2%. Actualmente en sus instalaciones más de 2.000 jóvenes estudian ingeniería y ciclos formativos de Grado Superior, y cuenta también con campus en Ordizia y Hernani. Goi Eskola Politeknikoa goza de buena salud. Está en continua evolución.

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