“Todavía me siento un joven autor que está aprendiendo el oficio”

Joël Dicker, ayer en Madrid. (Foto: Efe)

El escritor suizo Joël Dicker acaba de publicar su nueva novela, ‘La desaparición de Stephanie Mailer’

Martes, 19 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:04h.

madrid - Joël Dicker, autor de La verdad sobre el caso Harry Quebert, acaba de publicar su última novela, La desaparición de Stephanie Mailer (Alfaguara), en la que desarrolla el caso de una periodista desaparecida tras denunciar que el hombre que asesinó al alcalde del pueblo y su familia hace 20 años todavía está en libertad, al tiempo que incide en temas como la situación de la cultura y el periodismo en la actualidad.

“Las librerías y los teatros terminarán por extinguirse porque la sociedad trata cada vez peor a la cultura. Estamos en un mundo en el que admiramos a los Kardashian cuando antes nuestro ídolos eran astronautas, científicos y escritores”, afirma. En este sentido, Dicker explica que este alejamiento de la cultura se refleja en la trama, donde el alcalde de la población de Orphea, donde sucede la historia, trata de organizar un festival de música y cultura pero “a nadie le interesa” y donde la gente del pueblo “ya no lee el periódico”. “Esto me hace preocuparme a dónde vamos a llegar como sociedad”, asevera. El autor suizo asegura que esta situación es “responsabilidad de la sociedad” y apunta al ejemplo de Youtube: “Es una plataforma llena de oportunidades increíbles, con vídeos de la NASA y National Geographic espectaculares, pero la gente prefiere pasarse horas viendo vídeos de borrachos en la calle o de gatitos metidos en un microondas”, lamenta. Varios de sus personajes son periodistas, entre ellos la que da título al libro, porque -dice- los periódicos están desapareciendo de la vida cotidiana cuando son “un alimento indispensable para la sociedad y la democracia”. “No nos damos cuenta de que la prensa en Europa es indispensable y que la calidad y la independencia de la prensa es garante de la democracia”, recalca. Cree que su generación y la que le sigue deben responsabilizarse “y no olvidar que sin la prensa independiente la democracia está en peligro”.

Dicker enfatiza que, aunque existe “un mayor acceso a la cultura que antes”, el problema es que los seres humanos son “unos vagos” que, en su opinión “no se preocupan por nada”. “Dejar el cargador del móvil enchufado a la corriente sin usarlo o no apagar el router cuando nos vamos de vacaciones es algo que gasta muchísima energía pero que por desgracia no parece preocuparnos”, señala. A su juicio, este ejemplo se traduce en la literatura que “parece no importar” a una sociedad “más ocupada en enseñar en Instagram que tiene el cuerpo perfecto para ir a la playa este verano” que para “prestar atención al cerebro”. “Hay que cuidarse y tener un cuerpo sano, pero también hay que cuidar la mente y en eso no soy tan optimista sobre lo que va a llegar a pasar con la gente”, añade.

Al tiempo que revisa estos temas, La desaparición de Stephanie Mailer narra la investigación de dos oficiales de policía, que en 1994 condenaron a un hombre por el asesinato múltiple del alcalde de Orphea y su familia, y que ahora, veinte años después, tiene que investigar la desaparición de Stephanie Mailer, una periodista que acude a la comisaría para denunciar que la policía se equivocó de asesino y el culpable anda todavía suelto, antes de desaparecer.

A LA PEQUEÑA PANTALLA El autor revela también que la serie que llevará a la pequeña pantalla La verdad sobre el caso Harry Quebert “ha terminado de grabarse” y ahora se encuentra en “proceso de posproducción”, por lo que “seguramente” se estrene “durante el otoño o a finales de año”, aunque reconoce que no puede precisar fecha exacta.

En esta línea, Dicker asegura que pasó mucho tiempo observando cómo se llevaba a cabo la grabación y que se encuentra “encantado” con la experiencia. “El director (Jean-Jacques Annaud) es magnífico y los actores que encarnan a los personajes son muy humanos con lo que se va a crear una experiencia televisiva única”, señala. Asimismo, el autor destaca que personalmente no se involucró demasiado en las decisiones de producción y prefirió “actuar como un espectador”. - Efe

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