travesía de ocho días por mar

A bordo del ‘Aquarius’ había “esperanzas de futuro” y ganas de llegar a Europa

144 DE LOS 629 INMIGRANTES RESCATADOS TUVIERON QUE SER TRASLADADOS A CENTROS HOSPITALARIOS A SU LLEGADA A | Valencia

Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Valencia - Las 629 personas de 26 nacionalidades que viajaban a bordo de la flota del Aquarius culminaron ayer su llegada al Puerto de Valencia tras superar una travesía de ocho días por mar, aunque 144 tuvieron que ser trasladados a centros hospitalarios por la delicada situación en la que se encontraban. Los cooperantes que participaron en su rescate y que han realizado con ellos esta larga travesía explicaron que antes de llegar a suelo español, los inmigrantes tenían “esperanzas de futuro” y ganas de llegar a Europa porque para muchos era la primera vez que pisaban el continente. “Había muchas sonrisas y están felices de estar aquí”, dijeron una vez en tierra.

Los cooperantes de SOS Mediterranée y de Médicos Sin Fronteras “dieron voz” a los 629 migrantes rescatados, a los que han atendido en la travesía y que les han contado su huida de la guerra y la miseria, así como las violaciones, torturas y extorsión sufridas hasta llegar a Valencia, después de meses de viaje desde que salieron de su país y lanzarse luego al mar en una “experiencia aterradora”.

El personal que ha asistido a los inmigrantes a bordo del Aquarius relató ayer las primeras y angustiosas horas de rescate de las personas, algunas de ellas sacadas del mar a punto de ahogarse, así como lo ocurrido en días posteriores en los que se les tuvo que atender de quemaduras, deshidratación y otras patologías, y se escucharon historias de sufrimiento y explotación.

El presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF) España, David Noguera, aseguró que las personas que ayer llegaron a Valencia “no viajan, sino que huyen” en un periplo “demasiado largo que les lleva a Libia en un entorno de agresión, extorsión y violencia hacia las mujeres”. Un viaje que se había prolongado durante “semanas y meses antes” para luego “lanzarse al agua en una experiencia aterradora” pero con la esperanza de encontrar la libertad.

David Beversluis, de Médicos Sin Fronteras, relató esa primera asistencia a las personas que fueron llegando al Aquarius en diferentes embarcaciones durante la noche del sábado al domingo 9 y 10 de junio: “Recibimos a pacientes en estado severo y crítico”, entre ellos “dos personas que estaban casi ahogadas, con agua salada en los pulmones, y que no respiraban cuando los sacamos del agua”.

“Casi murió” Uno de ellos, explicó el médico, “un joven nigeriano de 20 años que no respiraba” y cuya reanimación fue costosa pero “un éxito” y que ahora “está saludable. Hace una semana casi murió y ahora está lleno de vitalidad”. Beversluis relató lo ocurrido en una “semana dura” para el equipo médico. En los días siguientes al rescate se atendió a otros pacientes con deshidratación severa, que habían estado 15 y 20 horas en los botes sin agua, y también a otros con mareos, dolor muscular y síntomas de fatiga y cansancio. Se contabilizaron también 21 casos de quemaduras químicas presentes entre el 2 y el 10% del cuerpo de los afectados, aunque finalmente “se van a recuperar”.

El doctor dijo que se pasaron después 4 o 5 días de travesía con todos esos pacientes a los que se sumaron otros 80 por mareos, una patología que, reconoce, “sufrió él mismo” y tenerla durante tanto tiempo “es muy duro”. Especialmente duros fueron los últimos días de viaje cuando las duras jornadas empezaron a acusarse y hubo pacientes en situación “severa y crítica”. Además, pasaron momentos de escasez de comida y nervios por el cambio de rumbo de Italia a España. Fue en ese momento cuando algunos se interesaron por cómo era el país al que acudían o dónde estaba. “Ha sido duro para todos, pero en algunos momentos hemos visto esperanza también”, subrayó para indicar que los menores que viajaban a bordo del Aquarius han llegado en condiciones “saludables”.

Una de las historias “más difíciles” fue el caso de un joven de Nigeria que llevaba siete meses en Libia, donde estuvo encarcelado y vivió “una tortura sin comida y sin agua” y con el trauma de perder a su hermano en esa misma prisión. “Eso fue muy difícil de escuchar”, reconoció el médico. Pese a lo “difícil” que ha sido esta experiencia, reconoció que como médico siente la responsabilidad de “cuidar a sus pacientes” y ser la voz “de aquellos que no pueden hablar”. - Efe/E.P.