Mesa de Redacción

Trastero

Por Jurdan Arretxe - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

acabo de salir del trastero, donde he encontrado planchas inservibles que ellas sabrán mejor que yo qué hacen ahí, teléfonos móviles con tapa que guardo no sea que vuelvan a hacer falta, vinilos de Cesária Évora cuando hace años que el tocadiscos de casa murió en extrañas circunstancias y vajillas maravillosas con las que podría abrir un restaurante que no sirviera comida. Un local silencioso en el que la porcelana, arte puro, volvería a la cocina más sucia de lo que ha salido. “¡Yo he venido a ver platos!”, exclamarían entusiasmados los clientes. Da igual, pienso, el rascaespalda que necesito no aparece y abrir un restaurante, incluso un chiringuito de playa, sin haber calmado el picor siempre es mala idea. Salgo del trastero como quien vuelve de una noche de sábado, con la vana esperanza de que cualquier amor pasado volverá a servir de algo en el futuro y de que, tras remover la casa, ese rascador aparecerá donde ya había mirado. Un domingo al mediodía todo es insustancial menos un Costa Rica-Serbia, la mejor excusa para no volver al trastero y afrontar el presente: echar las planchas, reciclar los teléfonos, regalar los vinilos y abrir un restaurante de platos vacíos. Algún día los trastos que solo tienen sentido en un desván no servirá ni para alimentar falsas esperanzas y acabarán por fin, cuando no quede más remedio, en la basura.