Kanpolibrean

Kanpolibrean: Agro fake news

Un baserritarra, durante una exposición de su actividad. (Foto: A.G.)

debemos trabajar en una estrategia de comunicación que permita al mundo rural conectar con una sociedad cada vez más alejada y urbana

Por Xabier Iraola - Domingo, 17 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

No conozco a nadie de mi alrededor que esté contento con el tiempo que sufrimos en nuestro país. Llevamos meses sin ver el astro rey y sentir el calorcito en los huesos, con escamas como piel y con una depresión de caballo al comprobar que, día sí y día también, llueve, hace frío y/o el cielo está totalmente encapotado. Tanto es así que incluso, según informa la prensa local, la venta de cápsulas de vitamina D ha crecido un 60% en los últimos meses.

Los que quieren ir a la playa no saben cuándo estrenarán el bañador nuevo y lucirán tipín, los que viven de la hostelería están que trinan porque el mal tiempo retrae el consumo callejero, los que quieren trabajar la huerta tienen la tierra encharcada (esta temporada toda la producción agrícola será, por decreto ley, producción hidropónica), los txakolineros esperan la floración y mis queridos ganaderos, salvadas las excepciones, están sin poder meter los tractores en las praderas bien para cortar la hierba, hacer bolas de silo y/o esparcir el purín. O sea, un asco.

Con este tiempo de marras y el Mundial en ciernes, el pópulo consume televisión a tope, unos viendo las tertulias de vísceras con la B. Esteban de reina de los platós;otros cuantos viendo las tertulias políticas con A. Esteban de rey de las declaraciones aunque la dimisión de Màxim I, El Breve, lo haya desbancado, momentáneamente al menos;y otros cuantos, los más futboleros, sorprendidos con las idas y venidas de otro vasco, J. Lopetegui para, finalmente, otro vasco, no rey pero sí cuñado del mismo, I. Urdangarin, acabar de rematar la semana. Me reconocerán, tal y como recogen los memes que recibimos por guaxap, los vascos estamos en la pomada.

En esta sociedad moderna la imagen y la comunicación lo es casi todo y por ello es importante estar en la pomada, bailando en varias pistas al mismo tiempo. Muestra de ello es el trabajo que deben hacer nuestros productores para enganchar y alinearse con otras disciplinas como pueden ser los cocineros, los influencers, críticos gastronómicos, periodistas, etc. con el doble objetivo de, en primer lugar, visibilizar y proyectar su mensaje y, por otra parte, vincular la producción con esos otros mundos de los que dependen impepinablemente.

Mi amigo Héctor Molina, un joven agricultor castellonense innovador, con el retrovisor al pasado activado y entusiasta de la recuperación de semillas y variedades autóctonas, listo como él sólo, ha logrado que un magacine de A Punt, la nueva televisión autonómica, haya abierto una pequeña sección donde va mostrando los productos locales, sus productores, las iniciativas auténticas y también los establecimientos comprometidos. Le deseo lo mejor en esta nueva andadura.

En una sociedad saturada de información, tanto buena como mala, falsas noticias (las famosas fake news), de bulos que corren a velocidad de vértigo por las redes sociales, medias verdades que saltan de un smartphone a otro y donde diferentes colectivos contrarios a la actividad agroganadera y forestal sacan chispas a Facebook, Twitter, Youtube y Whatsapp, es deber del sector productor, empezando por sus asociaciones, organizaciones e instituciones sectoriales y llegando a agricultores, ganaderos y forestalistas particulares, que todos se pongan las pilas.

Hay que comunicar a la sociedad general, pero muy especialmente a los consumidores de cada uno, la realidad del sector actual, huyendo de imágenes bucólicas ancladas en un pasado que tanto nos desprestigian ante el conjunto de la sociedad, pero también de una imagen megalómana y ligada a aspectos industriales que, al menos en el caso nuestro, está totalmente alejada de la realidad de las explotaciones familiares.

El sector debe reaccionar, ponerse al frente, tomar las riendas e impedir que sean otros los que hablen por él. En primer lugar, porque son ellos mismos los que mejor conocen su casa y sus modos de vida y producción y, asimismo, porque son ellos los que mejor pueden argumentar ante bulos y ataques el buen trabajo que hacen y la calidad de sus productos.

En esta línea, el departamento de Agricultura del gobierno de Valonia (Bélgica) emprendió, ya hace una veintena de años, un basto programa de granjas abiertas que permite a miles de ciudadanos conocer in situ la realidad de las explotaciones que le rodean pero de las que desconoce todo, o casi todo. En esta misma línea va el programa catalán Benviguts a pagès que, con el respaldo de la Generalitat, abre 220 explotaciones y las vincula con la gastronomía, hostelería y casas de turismo rural para movilizar a miles de personas a lo largo y ancho del territorio.

También, aunque de forma mucho más sencilla y modesta, en nuestro entorno más cercano está el programa Ongi Etorri Baserrira de la organización agraria Enba que va por su quinta edición y que el primer fin de semana de julio abrirá las puertas de 30 caseríos para, según lo dicho, mostrar la realidad y, de paso, romper tópicos y erradicar bulos y medias verdades. No es la primera vez que hablo de ello pero creo necesario subrayar que se debiera trabajar en el diseño de una estrategia de comunicación sectorial que permita al sector productor y al mundo rural en general conectar con la sociedad en la que vive, cada vez más urbana y más alejada tanto física como mentalmente, de nuestras vivencias.

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