Huérfanos de grandes recintos

La nueva normativa en seguridad ha dejado a Gipuzkoa sin un espacio que pueda acoger a las grandes estrellas de la música. Las alternativas, como Illunbe y el Velódromo, presentan déficits notables.

Un reportaje de Alex Zubiria. Fotografía Javi Colmenero - Domingo, 17 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

the Ramones, Chick Corea, The Rolling Stones, U2... hubo un tiempo no tan lejano en el que Donostia seducía a los grandes nombres del panorama musical. El velódromo, el estadio de Anoeta o incluso el polideportivo Josean Gasca eran escenarios válidos para ello, pero la entrada de la nueva normativa en medidas de seguridad, que obligó a cancelar el concierto de Belako y Fermin Muguruza previsto para ayer, ha dejado a la capital guipuzcoana huérfana de grandes recintos que los puedan albergar. Bizkaia, gracias al BEC, ha sido el gran beneficiado ya que recibe a casi todas las estrellas que visitan Euskadi. Para revertir la situación, el Ayuntamiento donostiarra propone Illunbe, un espacio que los promotores no ven con buenos ojos.

“Aquí, en Donostia, siempre se ha priorizado lo de espacios que compaginen deporte y música, cuando nunca debería haber sido así. Necesitamos un recinto que albergue entre 3.000 y 5.000 personas y que se adapte a las necesidades de cada actuación”, defiende Miguel Martín, responsable de la programación musical de Donostia Kultura.

En la capital guipuzcoana en la actualidad conviven Illunbe -con capacidad para 11.000 espectadores-, el velódromo -con un aforo máximo de 5.500- y el polideportivo Josean Gasca -en pista únicamente pueden darse 682 personas- como grandes recintos, pero su calidad sonora deja bastante que desear.

“Nos hemos acostumbrado a vivir con ellos a pesar de que no éramos ni capaces de reconocer la canción que se estaba tocando”, apunta Juancar García, de la promotora Bloody Mary, que cree que la solución al problema pasa por adaptar algunos de estos recintos.

Cruz Gorostegui, de Syntorama, rememora épocas pasadas como el concierto de Chick Corea en el velódromo para 15.000 personas, el triple del aforo ahora permitido. “Esto, hoy en día, es impensable. Los grandes grupos internacionales prefieren irse al BEC, que mueve a gente de Cantabria, La Rioja, Araba y Gipuzkoa”, comenta, al tiempo que añade que un espacio así en Donostia “no es una necesidad”. “Si aquí hay un aforo de 15.000 espectadores, ¿habría suficientes personas para llenarlo?”, se pregunta.

Para albergar unos pocos conciertos de ese nivel al año, continúa Gorostegui, ya está Anoeta. “Tenemos que asumir de una vez por todas que Donostia es una ciudad pequeña, y da para lo que da”, recalca.

“Estamos saturados de los mismos conciertos”

El hábitat musical en Gipuzkoa se complementa con salas pequeñas de entre 200 y 300 localidades como el Dabadaba, Le Bukowski y el Doka de Donostia. Espacios que por tamaño solo son factibles para un tipo de género. “Estamos saturados del mismo estilo de conciertos. Programar un concierto hoy en día es lo más fácil del mundo”, subraya Juancar Gorostegui, quien a falta de un gran recinto, cree que la oferta musical debería arriesgarse más. “Me entristece ver que no hay cabida para bandas desconocidas y para artistas locales”, opina.

“Tenemos muchos recintos que son ideales para grupos indie;geniales para un público de entre 20 y 30 años y cercano a la barra”, comenta, por su parte, Martín. Para el responsable de la unidad de Música de Donostia, la única manera de ampliar los géneros musicales es crear nuevos recintos. “No nos faltan estilos, nos faltan espacios. Es la pescadilla que se muerde la cola”, advierte.

A las salas hay que sumar los festivales, que en numerosas ocasiones son la excusa perfecta para atraer un nombre diferente. “Lo que pasa es que lo que aquí funciona es el espíritu del festival como un lugar de encuentro de muchas actividades. Los grupos no son el éxito, y si no solo hay que ver el cartel del Primavera Sound, en el que el 80% de las bandas no las conoce nadie”, comenta Juancar.

“En Donostia notamos mucho los festivales culturales. El Jazzaldia, la Quincena Musical y el Zinemaldia ya necesitan un presupuesto de once millones entre los tres. Se llevan casi todo el dinero, lo que crea un déficit para el resto”, indica Gorostegui.

Los tres tienen claro que el futuro de la música en Donostia pasa por un recinto en condiciones que pueda acoger a 5.000 personas, ya sea construido desde cero o remodelado. De lo contrario, advierten, “no será factible soñar con las grandes estrellas”.