Editorial

Desde el estupor y la distancia

La montaña rusa en la que se ha convertido la vida social y política en Madrid lo retrata como un centro de poder administrativo y económico más propio de un estado centralizado que del autonómico

Sábado, 16 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:04h.

El foco informativo que atrae habitualmente Madrid, en su calidad de sede administrativa del Gobierno del Estado, se ha visto acrecentado en las últimas semanas por una actualidad significativa de un estado de cosas. El eje de todas las decisiones se sitúa en la villa y corte, reforzando a partes iguales la endogamia de su estructura de poder y la dinámica de montaña rusa en la que acaba arrastrando a todo el Estado. En ella nacen y medran una moción de censura, la formación de gobierno alternativo y la primera crisis del mismo con extraordinaria precipitación. Les precedió una crisis de dirección en la administración autonómica y le sucederá un proceso de sucesión en el liderazgo del PP que compartirá protagonismo con el punto de ebullición que en los próximos meses alcance la convivencia de un Gobierno en minoría con la proximidad de un calendario electoral exigente. La estructura administrativa de Madrid y la voluntad política de quienes la han gestionado en las últimas décadas ha creado un polo de atracción permanente, una fuerza centrípeta que ha concentrado poder económico e influencia social y política en una dimensión impropia de un estado descentralizado como se presume el de las autonomías. Un signo tan superficial como la crisis de la selección de fútbol permite retratar algunas de las consecuencias que provoca. El interés particular de un núcleo de poder e influencia como un club de fútbol presidido por un gran empresario a imagen de sus negocios se impone al discurso identitario que se articulaba en torno a los valores que se pretenden defender. El Real Madrid, que se tiene para sí y se proyecta ante otros como emblema del fútbol español, hace un roto en la selección que pretende ser “de todos”. La perspectiva del interés individual tiene sus límites en su propio micromundo y abandona a su suerte y a los efectos de sus decisiones las prioridades colectivas. Esto no impide que se armen discursos que reprochan insolidaridad social y económica al resto de sensibilidades políticas o culturales del Estado por el mero hecho de buscar cauces para su expresión. Una realidad que explica la utilidad de estructuras socialmente huecas como Ciudadanos al lobby que viene orientando e influyendo en la toma de decisiones con efecto general desde la coincidencia de intereses particulares poderosos.

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