Científicos del CSIC observan la erupción de un agujero negro

Expulsa un chorro que se expande a 75.000 kilómetros por segundo

Viernes, 15 de Junio de 2018 - Actualizado a las 09:22h.

MADRID – Científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de Turku (Finlandia), han observado por primera vez de manera directa la formación y expansión de un chorro de material expulsado por un agujero negro supermasivo tras destruir una estrella.

En el trabajo, cuyos resultados se han publicado en la revista Science, han colaborado investigadores de 26 instituciones internacionales, entre ellas el Centro de Astrobiología (centro mixto del CSIC y el Instituto de Técnica Aeroespacial) y la Universidad de Valencia. En enero de 2005 se detectó, en el núcleo de la galaxia en proceso de fusión Arp 299-B (a casi 150 millones de años luz de la Tierra), una explosión supernova.

El seguimiento con una red internacional de radiotelescopios, incluyendo la Red Europea de Interferometría (EVN), durante más de una década, permitió presenciar cómo el destello detectado a longitudes de onda de radio se expandía en una dirección a una velocidad de unos 75.000 kilómetros por segundo, un cuarto de la velocidad de la luz.

La combinación de observaciones a distintas longitudes de onda durante todo este tiempo permitió al equipo descartar escenarios como una explosión de supernova o una explosión de rayos gamma, determinando que la explicación más probable era que el agujero negro supermasivo de Arp 299-B, con unos 20 millones de masas solares, hubiera desgarrado una estrella con una masa entre dos y seis veces la del Sol.

Según los modelos teóricos, en los eventos de disrupción por mareas, en los que un agujero negro desgarra una estrella, la mitad de la masa de la estrella es expulsada al espacio, mientras que la otra mitad es absorbida por el agujero negro supermasivo. La súbita inyección de material produce un brillante destello seguido de emisiones transitorias en radio y de la formación de un chorro de material que se mueve a velocidades muy cercanas a la de la luz.

“Nunca antes se había podido observar directamente la evolución de un chorro como consecuencia de este fenómeno”, apunta el investigador del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, Miguel Pérez-Torres.

La mayoría de las galaxias albergan agujeros negros supermasivos, que contienen hasta miles de millones de veces la masa del Sol. Se trata de objetos con un campo gravitatorio tan intenso que ni la luz puede escapar, y una estructura que absorbe el material de su entorno con un par de chorros de partículas a velocidades que emergen de ambos polos.

En cambio, según explica Pérez-Torres, los agujeros negros supermasivos pasan una gran cantidad de tiempo sin devorar nada, por lo que no están particularmente activos. Por tanto, los eventos de disrupción por mareas, como el ocurrido en Arp299-B, ofrecen una oportunidad única para estudiar la vecindad de estos poderosos objetos. – Europa Press