La caída a los infiernos del yerno ejemplar

De ser un deportista atractivo y educado, Urdangarin ha pasado a ser un apestado en la familia real

Miércoles, 13 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Donostia - El gol que marcó en el último segundo en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 le permitió el asalto a los cielos deportivos y reales. El de aquel muchacho de Zumarraga (1968), larguirucho y de buen ver fue el tanto que daba la medalla de bronce olímpica a la selección española y lo que le permitió conocer a la infanta Cristina. Fue el principio del fin, el comienzo de su caída a los infiernos de la codicia que le ponen al borde de su ingreso en prisión como el primer familiar de un rey condenado a prisión en la democracia española.

Tras un breve romance de un año, la pareja contrajo matrimonio en 1997 y el vasco hijo de familia aristócrata, por parte de su madre, pasó a ser miembro de la familia real. Dejó el deporte y empezó a estudiar hasta que se diplomó en ciencias empresariales. Pronto se inició en el mundo de los negocios tras realizar un máster en una prestigiosa escuela de business. Allí conoció a Diego Torres, uno de sus profesores. Poco después crearon el Instituto Nóos, una fundación sin ánimo de lucro pero que les reportó pingües beneficios a ambos.

Pasaron unos años hasta que afloraron las primeras sospechas de contratos irregulares. A propuesta de Juan Carlos de Borbón dejó los negocios y fichó por Telefónica Internacional, fijando su residencia en Washington, y poniendo distancia de sus andanzas. Pero era tarde, el juez Castro ya le seguía la pista. Ahí empezó su caída a los infiernos.

Vasco de origen, catalán de adopción, Urdangarin ha pasado de ser el yerno ejemplar del entonces rey a ser un apestado que ensucia el nombre de la familia real y al que no quieren ver merodeando la Zarzuela. - N.G.

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