Mesa de Redacción

Servicio público

Por Carolina Alonso - Martes, 12 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Sábado de junio. Nueve de la noche aunque en realidad es de día. En una parada de taxis de un barrio de Donostia una docena de personas hace cola. Algunos van juntos, por lo que se necesitarían unos cinco vehículos pero no llega ninguno. Algunos cogen sus móviles y llaman. Se ríen. No tienen prisa y disfrutan de una tarde sin obligaciones y sin agua cayendo del cielo. Mis amigos y yo, sentados en una terraza, observamos la situación como si fuera un teatro privado. La cola decrece porque algunos se van. Pero llegan otros. Una pareja hace gestos de impaciencia, mira al reloj y una de mis amigas llama a los taxis. Avisa a la centralita de que hay gente esperando hace más de 20 minutos. Al rato, aparece un taxi. “¡Veis cómo había que llamar!”, dice contenta. Pero no. El taxi viene porque trae un grupo de gente, que se baja a pocos metros de la parada. Después recoge a los primeros de la cola. Al rato aparece otro: dos taxis en 40 minutos. Me pregunto qué hacer si se tiene prisa, si se necesita llegar al tren, al aeropuerto o a un asunto urgente y se confía en la rapidez de este servicio público. No sé quién decide cuántos coches debe haber en cada momento en las calles. Espero que no dependa de la voluntad de cada profesional y que existan unos mínimos en cada momento, aunque a veces parezca que no.

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