Arctic Monkeys en la treintena y desconcertando a sus fans

Arctic Monkeys es una banda británica de indie rock. (The Arctic Monkeys)

El exitoso grupo de rock aparca las guitarras y se pasa al piano en uno de los regresos del año, su sexto y distópico disco, ‘Tranquility Base Hotel &Casino’.

Un reportaje de Andrés Portero - Lunes, 11 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Desde que Arctic Monkeys editaron su debut, en 2006, que se convirtió en el disco más vendido de la historia de Reino Unido, los de Sheffield han hecho historia. El para muchos mejor grupo de rock británico del siglo acaba de publicar su sexto disco, Tranquility Base Hotel &Casino(Domino), y, lejos de adocenarse, sigue dando virajes y desconcertando a sus fans con un disco elegante, de ritmo templado, ecos del pop clásico y de planteamiento futurista, y con los teclados imponiéndose a las guitarras, lo que les acerca al sonido del proyecto paralelo de su líder.

Desde su debut, Whatever people say I am, that’s what I’m not, con el que vendieron más incluso que The Beatles gracias al ya superado MySpace, Arctic Monkeys no han hecho más que crecer. Y, tal como avanzaba su primer disco desde el título, dejando claro que lo suyo era el riesgo y la huida de la fácil etiquetación. Las pruebas resultan evidentes en cada uno de sus discos posteriores, que se fueron abriendo al stoner rock, el brit-rock, la música negra...

Un lustro después de su última obra maestra (AM, abierto a la música negra y urbana), tiempo en el que su líder, Alex Turner, nos encandiló con su proyecto The Last Shadow Puppets, junto a Miles Kane, ex The Rascals, Arctic Monkeys vuelve con su esperado sexto disco, en el que se advierten ecos de Bowie, Richard Hawley, Prince, Pulp, el Elvis orondo, The Walker Brothers, Brian Wilson...

A todos ellos evoca Tranquility Base Hotel &Casino, álbum grabado entre Los Angeles, París y Londres, y co-producido por Turner y el habitual James Ford, mitad de Simian Mobile Disco. Y resulta obligado evocar el nombre del proyecto paralelo de su líder al oír estas canciones editadas sin single previo, de tempo lento y necesitados de escuchas múltiples.

El guitarrista del grupo, Jamie Cook, ha declarado que se estudió la posibilidad de que el álbum se publicara bajo el nombre de Turner. “Él se preguntaba si estas canciones eran Arctic Monkeys o iba a un lugar diferente con ellas”, indicó. Al componer al piano, “se obtienen automáticamente resultados diferentes que con la guitarra”, según Turner, para quien el repertorio “se desarrolló en una dirección que pronto me hizo darme cuenta que no tenía absolutamente nada que ver con lo que la gente esperaría de un disco de la banda”.

desconcierto y valentía El álbum es ya el más controvertido y desconcertante del grupo, al adentrarse en terrenos inhóspitos. No existe rastro de sus furibundos riffs y del hedonismo de los inicios, a lomos de una mezcla de pop y aliento punk que conducía un repertorio urgente, vitaminado e inmediato. Ni del denso y monolítico stoner rock que grabaron con Josh Homme.

Ahora, el piano, múltiples teclados y bajos marcadísimos sustituyen a las guitarras como protagonistas;el ritmo se relaja;Alex alardea (con razón) de voz: impostada y teatral como la de Bowie, con falsete a lo Prince enStar treatmenty evocando al Elvis crepuscular en The ultracheese;y se renuncia claramente a los estribillos y melodías inmediatos, excepto en Four out of five. La música negra, el soul, principalmente, más algo de jazz, se pasea entre arreglos del pop de los 60 y los 70, con guiños a Brian Wilson en la fantasía psicodélica Golden trunks.

El paso al frente en lo musical se ve refrendado también en la lírica, con Alex, como Bowie en Space oddity, cantando “así que cuando miras al planeta Tierra desde el espacio exterior...”. Allí, en esa estación-hotel-casino imaginario situado en el Mar de la Tranquilidad donde alunizó el Apolo XI, el músico dibuja un relato donde la ciencia ficción se viste de realidad.

Así, “escribiendo sobre otro mundo para hablar de este”, los versos destilan ironía con guiños a The Strokes o la decadencia de la fama, las campanas de la libertad se caen a pedazos con “el líder del mundo libre recordando a un luchador con un traje de baño dorado” y la realidad virtual convive con conflictos de intereses entre países, videollamadas a Dios y una visión apocalíptica sobre Internet y las redes sociales, con “la vida convertida en un deporte para espectadores controlados por ordenador”, según Turner, para quien el disco sigue “siendo rock’n’roll”. ¡Veremos que si sus seguidores, quienes les verán en Primavera Sound y Mad Cool Festival de Madrid lo suscriben!

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