Malabarismos norcoreanos

Imágenes de Kim Jong Un y Trump, líderes de Corea del Norte y EEUU, respectivamente. (EFE)

La cumbre del martes en Singapur ha permitido a Kim Jung-un corregir el equilibrio del poder en su país

DIANA NEGRE - Domingo, 10 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

WASHINGTON. vista desde Europa, la política norcoreana parece ininteligible siempre y absurda, a menudo;vista desde Washington en vísperas de la “cumbre” bilateral también resulta difícilmente inteligible, pero rara vez absurda. Trump cree que Pyongyang practica la diplomacia de la miseria: vender amenazas, porque es el jugador que tiene menos que perder.

En realidad, los malabarismos políticos de la dinastía comunista de los Kim tienen poco de absurdo. El poder depende en Pyongyang de un difícil e inestable equilibrio entre el generalato y el partido comunista, equilibrio en el que los Kim han sabido ahora aprovechar al máximo (y en beneficio propio) su posición de fiel de la balanza.

Y ahora acaba de producirse otro episodio de ese vaivén : el cambio del general Kim Jong-gak por el de Kim Su-gil al frente del poderosísimo politburó del Ejército, al mismo tiempo que el jefe del estado mayor, Ri Myong-su ha sido reemplazado por su actual asistente, el general Ri Yong Gil. Los relevos quedan completado por la sustitución del ministro de Defensa -Pak Yong-sik- por su viceministro, No Kwang-chol.

Los asesores del presidente Trump, basándose en los informes del servicio secreto surcoreano así como del propio, no creen que esta reorganización se deba en absoluto a la intención de Corea del Norte de hacer grandes concesiones para una desnuclearización de su arsenal. Pero la evidente necesidad de atender -por poco que sea- las demandas estadounidenses el próximo martes ha brindado un pretexto oportunísimo a Kim Jung-un para corregir el equilibrio del poder en su país. Y es que últimamente los militares habían desbordado mucho la correlación más o menos paritaria de fuerzas que el dirigente máximo había logrado establecer con puño de hierro tras su llegada al poder.

Tanto si este análisis es acertado como si no, no hay garantía alguna de que las conversaciones lleven a acuerdos o una nueva relación de los norcoreanos con Washington, y Trump no para de repetir que “si las negociaciones no tienen éxito, me retiraré respetuosamente”. Aun así, el actual Kim que gobierna Pyongyang, habrá sido el único de su dinastía en reunirse con un presidente norteamericano, algo que sus antecesores deseaban ardientemente.

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