Mejor educar que prohibir

Alumnos consultan sus resultados académicos en los teléfonos móviles.

Francia prohibirá el próximo curso los móviles en las aulas para combatir el ciberacoso. Tres expertos, Estefanía Jiménez, Iñigo Salaberria y Jorge Flores, analizan si los ‘smartphones’ son incompatibles con la metodología educativa.

Un reportaje de Alex Zubiria f Fotografía Unai Beroiz - Sábado, 9 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:57h.

Francia lo tiene claro: los teléfonos móviles y las aulas son una ecuación incompatible. Así lo dictaminó este jueves la Asamblea Nacional gala al prohibir el uso de los aparatos en los centros escolares el próximo curso, tanto en clase como en el patio. La medida pretende acabar con el ciberacoso entre los más jóvenes y con los problemas de atención de muchos de los estudiantes. No obstante, ¿son realmente los móviles una herramienta antagónica con la metodología educativa?

“Estamos en 2018, no en la década de los 90. La realidad es la que es y cortar de raíz el problema no es la mejor política. Se trata de que los chavales saquen el máximo posible a los dispositivos y que sepan cómo comportarse y relacionarse con ellos”, responde Estefanía Jiménez, profesora de la UPV/EHU y miembro del grupo de investigación EU Kids Online, que analiza el uso que hacen online los niños europeos.La misma opinión comparte Iñigo Salaberria, maestro y presidente de Sarean, la Asociación de Centros Públicos de Euskadi, que afirma que en la educación vasca “hay centros que usan los smartphones con utilidad metodológica y funciona”. “Los móviles tienen una vertiente creativa que no debería ser eliminada solo por la existencia de un posible peligro. Así, dejaremos de evolucionar como sociedad”, añade.

La iniciativa Pantallas Amigas nació precisamente con la intención de promocionar las nuevas tecnologías de forma responsable en la infancia y la adolescencia. Su director, Jorge Flores, cree que la decisión de la Asamblea Nacional a propuesta del partido del presidente Macron es “antinatural”. “Van a dejar aparte una parte de su vida, parece una amputación. El problema del ciberbullying no está en el aparato sino en la educación del agresor, que desconoce los límites”, apunta.

Los tres son partidarios de una enseñanza con teléfonos móviles, para justamente, de este modo, educarles en su uso correcto. “Nosotros trabajamos en la creación de personas íntegras. No podemos esperar a una regulación que nos diga que está mal meterse con un compañero, tenemos que ser conscientes de la realidad y actuar desde las mismas aulas”, observa al respecto Salaberria.

Aunque los riesgos de Internet para los adolescentes son cada día mayores –el ciberbullying, el sexting, los contactos con desconocidos, el acceso a webs que promueven el odio y la anorexia– y la edad en la que los niños obtienen su primer smartphone no para de descender –en Europa se estima en 8 años, cuando hace seis estaba en 11–, los datos de ciberacoso en Euskadi son menos alarmantes de lo que podría parecer. Según las estimaciones de EU Kids Online, el 31% de los menores de entre 9 y 16 años se ha sentido alguna vez acosado, pero solo uno de cada diez de ese porcentaje afirma que ese maltrato procedió de manera online y no cara a cara.“Decir que hay que intervenir en el uso de los móviles en los centros escolares para reducir el acoso no es un discurso válido. La mayoría de las veces el problema se da de forma presencial. Además, con un teléfono se está expuesto las 24 horas, no solo en el colegio”, indica Jiménez, quien ve necesario, por un lado, desarrollar un modelo de actuación para el profesorado ante un ciberacoso, y por otro lado, identificar el ataque más allá de agresor y agredido.

Para esto último, la maestra propone exportar a los móviles el método Kiva, un programa del gobierno finlandés para combatir el bullying y que desde el año pasado desarrollan las ikastolas vascas. “Los observadores silenciosos, que no golpean pero que comparten los vídeos por Whatsapp y ríen las gracias en Facebook también contribuyen al dolor de la víctima. Hay que hacer hincapié también en todos esos alumnos”, comenta.Educar desde casaProblemas de atención“Las aulas son el reflejo de la sociedad”

Las distracciones que genera el móvil sí que se presentan como un problema de compatibilidad con el estudio. “Las aulas, al fin y al cabo, son el reflejo de la sociedad. Todos, padres y niños, vivimos pegados a ellos. Estamos notando además que cada vez el uso está empezando más en Primaria, cuando antes era en Secundaria”, admite Salaberria.

“¿Qué padre no ha publicado en las redes sociales las fotos de sus hijos sin pedirle permiso;o se ha puesto a revisar los emails en la mesa de la comida;o ha contestado a una llamada conduciendo;o ha dejado una conversación a medias, incluso con su hijo, cuando le ha llegado un whatsapp?”, pregunta Flores, al tiempo que añade que las familias “no lo estamos haciendo muy bien”.

Según el presidente de Pantallas Amigas, la educación en el teléfono debe de comenzar en “el aprendizaje invisible”. Esto es, en los comportamientos que observan en el día a día en el hogar los más pequeños.

Para evitar la falta de concentración cada vez más habitual entre los estudiantes, Apple e Instagram planean incluso incorporar una serie de medidas que permita a cada usuario ser consciente de cuánto tiempo pasa en las redes sociales. Con el objetivo de frenar una posible adicción, el dispositivo o la aplicación podría llegar a bloquearse.“Los alumnos de hoy en día son unos auténticos artistas y seguro que conseguirían saltarse la norma. No me convence que el móvil sea el que te avise de que te has sobrepasado de tiempo con tal juego y ahora tienes que hacer las etxeko lanak. Eso debe de llegar del propio alumno y hay que educarlo desde ahí”, opina al respecto el presidente de Sarean.

Jiménez ve positiva la medida, pero no para acabar con el ciberbullying. “Acosar puede hacerse en un instante, no hace falta más que darle a un Me gusta”, observa la profesora, mientras que Flores lo ve como una propuesta ajustada a los “ciudadanos digitales”, los niños de hoy en día. “Hemos llegado a un punto en el que tener conciencia del tiempo que se le dedica al móvil es positivo”, concluye. l

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