Mar de fondo

Encerrona

Por Xabi. Larrañaga - Sábado, 9 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Una edil de Pamplona, apoyada por varios colegas, ha mostrado su deseo de unos sanfermines sin toros. No queremos que sea conocida como la ciudad de los encierros, así lo ha dicho. Esta confesión, ya que hablamos de Aranzadi, sin duda movilizará a los antropólogos de guardia para determinar, o sea rechazar, que la osada mujer pueda ser considerada PTV. Yo, dado que en lo tocante a fiestas soy ejemplo de mil leches, me abstendré de opinar que estoy a favor de los encierros y en contra de censurar a sus adversarios, sea por razones costumbristas, atávicas, económicas o de pedigrí.

Pero sí me agrada que los políticos se adelanten a cualquier deriva bélica y enciendan un debate en calma sobre lo al parecer indebatible. Resulta muy sano que el monólogo se eleve desde las alcantarillas cainitas del anonimato al ágora, al trueque público de ideas. Pues por mucho que se empeñen en teñirlo de esencialismo y cebarlo de identidad, que es vestir a la realidad de estatua, cabe discutir sobre tauromaquia. Y sobre el modelo festivo también. Torres mayores han caído, aunque quizás ya no se admita esta expresión.

Quienes se echan las manos a la cabeza, o al corazón, o al pasado, o al bolsillo, porque a una concejala le disgusten los encierros no solo dan por hecho que no representa a nadie: también creen que no puede ni debe hacerlo. Yo sin embargo pienso que sí lo hace, que bastantes prefieren divertirse de otro modo y tienen derecho a manifestar sin miedo sus gustos. Claro que como conozco el paño ya veo venir los dos primeros escupitajos: son de fuera;son violentos. Nada hay más conservador aquí que el arte del desprestigio.

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