Verbomanía

La sencillez

POR Pablo Orlando - Jueves, 7 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:55h.

Últimamente salgo a correr casi todas las mañanas. En nuestro recorrido solemos pasar junto a un hangar destartalado donde los agricultores acumulan la cosecha y los aperos de labranza. Es un camino de tierra rodeado de viñedos y cerezos. Pienso que algo así debió, o debe ser el Paraíso.

Pero lo verdaderamente emotivo es que allí hay dos perrillos sucios, flacuchos y malolientes que, al vernos venir, salen espitados a saludarnos, y al llegar a nosotros se tumban a nuestros pies para que les rasquemos la barriga mientras ellos nos dan lametazos de alegría. Posiblemente, este sea, tanto para ellos como para nosotros, uno de los momentos más gratificantes del día. Y esto es lo más importante: tener cada día un buen motivo para levantarse con ilusión.

Pienso en esas personas que, por las circunstancias que sean, su vida es un constante sobreponerse a las dificultades. Son tantos los ejemplos que podría nombrar que me ahorraré citarlos. Pero diré que esa fortaleza y ese ejemplo sirven para todos nosotros.

La razón por la que he emparentado los dos párrafos anteriores radica en que un simple momento de gozo diario es necesario y a la vez suficiente para llenarnos de energía, y comprender que esta vida sí merece la pena. El problema está en que a menudo los identificamos pero no les damos el inmenso valor que tienen. Cuánto placer generar los hábitos sencillos. Piénsenlo.

Y si esta narración tiene una moraleja, esta será que para correr bien hay que saber parar en el camino. Seguro que usted mismo ya había sacado la conclusión.

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