Desde la Avenida de Tolosa

¿El fin del ‘dedazo’?

Por Adolfo Roldán - Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Tras 70 años en el poder, el PRI mexicano puso fin al dedazo en noviembre de 1999, al convocar por primera vez unas primarias que dieron por vencedor a Francisco Labastida. Otra cosa es que Labastida fuera casualmente el candidato oficial a la presidencia al que apoyaba el aparato del partido. El dedazo es una liturgia endémica, que no exclusiva, de México por la que los presidentes o mandamases designaban a su sucesor sin someterse a molestos procesos, transparentes y democráticos. El dedazo echó raíces en la España más reciente, aunque seguramente fue uno de esos usos y costumbres que se exportaron al nuevo continente. Prueba de ello es que los partidos políticos españoles, siempre mostraron una extraordinaria maestría en el desarrollo de esa técnica. Las fortalezas del heredero eran la fidelidad, la lisonja y el papanatismo. Sus debilidades el talento, el don de lenguas y la independencia. El dedazo está muy extendido en estas latitudes. Se practica para designar jueces, asesores, senadores, consejeros, directores de televisión publica, empresas gubernamentales, gobernadores del Banco de España, etc. Eso sí, para ello es imprescindible poseer un CV sin faltas de ortografía, lo que resulta extremadamente sencillo al carecer de contenido. Los dedazos más famosos en España son el de Colón, el de Franco, el de Mourinho en el ojo de Vilanova tras perder la final de la Supercopa, y el de Aznar al designar a Rajoy como su sucesor. Ahí quería yo llegar, a esas 11.15 horas de ayer, cuando don Mariano anunció públicamente su dimisión a la presidencia del PP, y posiblemente a la política. “Ha llegado el momento de poner punto y final a esta historia”, y continuó, “el PP debe seguir avanzando bajo el liderazgo de otra persona”. Los segundos que siguieron a estas palabras fueron eternos. Todos miraban el dedo de Rajoy, pero ocurrió lo inesperado. Dijo que el PP abría un periodo de interinidad que concluirá antes de final del verano con un congreso extraordinario en el que se elegirá al nuevo presidente. Es esto, ¿el fin del dedazo?

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