“Lo que más duele es ver cómo está todo”

Jose Antonia Egaña, junto al agujero abierto por el agua en la huerta del caserío Gure Txoko de Antzuola.

Los vecinos de Bergara volvieron a sacar sus escobas y cubos ayer para retirar el agua y la suciedad acumuladas en los garajes y bajos de la localidad. En la biblioteca de Antzuola, los servicios de limpieza trataban de “salvar algo” de entre los escombros.

“La Ertzaintza avisó con un megáfono para que sacáramos los coches del garaje, pero no me lo creí”

Un reportaje de Alex Zubiria. Fotografía Iker Azurmendi - Martes, 5 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Los vecinos salieron ayer por segunda vez en menos de 24 horas a limpiar los garajes inundados en Bergara. “Ayer -por el domingo- terminamos de sacar el agua a las 21.00 horas y desde las 7.00 horas de hoy -por ayer- estábamos de nuevo limpiándolos porque estaba todo otra vez inundado”, aseguraba uno de los vecinos de la localidad. En Antzuola, por su parte, los servicios de limpieza eran los encargados de retirar las piedras del interior del edificio Torresoroa, que habían atravesado el piso de una ventana a otra del centro cultural destrozando todo a su paso.

“Estaba viendo la televisión después de comer cuando oí a la Ertzaintza con un megáfono en la calle diciendo que sacáramos los coches de los garajes, pero no me lo creí”, afirmaba Miguel Ángel Lozano, vecino de la calle Urteaga, una de las más afectados por las inundaciones en el barrio San Antonio de Bergara. Al asomarse a la ventana, Lozano fue consciente del peligro. “La calle era el río y había furgonetas flotando”, explicaba aún con el susto en el cuerpo.

Junto a otros vecinos, bajó rápidamente a retirar el coche, dejando para ayer la tarea de contabilizar los daños en el trastero. “Yo he tenido suerte, y solo se ha manchado de barro el coche”, apuntaba Florencio Miguel, otro de los vecinos, que no pudo sacar el vehículo a tiempo al no percatarse de lo que estaba sucediendo. “Hasta que no me llamó mi sobrino para decirme dónde estaba y que por qué no estaba sacando el coche, estaba tan tranquilo en casa”, comentaba mientras retiraba con una escoba parte de la suciedad amontonada en su parcela. “Esto se veía venir”, aseguró Lozano en referencia a la mala situación en la que se encontraba el río Deba. “Yo antes iba con mi hacha y cortaba madera para que no cayera al agua, pero me dijeron que si seguía haciéndolo me podían multar”, explicaba, al tiempo que afirmaba que los troncos se acumularon en el puente obligando al río a salir primero hacia un parking cercano, donde los vehículos sufrieron los peores daños, y después a los garajes del barrio de San Antonio.

Desde primera hora de ayer los equipos de limpieza fueron retirando los escombros tanto del río como de las calles. “Tenía un coche en el garaje y no le ha pasado nada, pero el otro que estaba en el aparcamiento va directo al desguace”, aseguraba otro de los vecinos. El Ayuntamiento, por su parte, ha pedido a los damnificados que entreguen una copia de las reclamaciones a sus seguros.

“Jamás pensé que podía pasar esto”

El edificio Torresoroa, que alberga la biblioteca, el centro de día, el club de jubilados, el ambulatorio y el teatro, fue la zona más perjudicada del barrio Sagasti de Antzuola. Numerosos vecinos se acercaron durante la mañana de ayer a comprobar el estado del recinto y a preguntar a los equipos de limpieza si necesitaban ayuda. “Es un desastre total. Me da mucha pena verlo así”, aseguraba Joxemari, un jubilado de la localidad tras ver el interior de la biblioteca completamente destrozada.

El torrente de agua, piedras y barro atravesó las ventanas traseras de la planta inferior del edificio, donde está situada la biblioteca, cruzando la sala hasta prácticamente la entrada principal. “Apenas hemos podido salvar nada. Estamos comprobando los archivos, porque lo demás está para la basura”, afirmaban dos trabajadoras entre restos de estanterías, libros, películas y focos en el suelo.

El centro de salud corrió mejor suerte y apenas tuvo daños, por lo que ayer ya estaba en funcionamiento. En el club de jubilados, por su parte, el agua solo entró por una serie de filtraciones del tejado. Sin embargo, el pequeño teatro de la localidad sí que presentaba desperfectos, “aunque menos de los que creíamos”.

El torrente dañó varios caseríos en su descenso. “Lo que más me duele es ver cómo está todo, no el miedo que pasamos”, afirmaba muy afectada Jose Antonia Egaña, de 81 años y residente junto a su marido en el caserío Gure Txoko, cuya huerta atravesó el agua creando un socavón. “Jamás pensé que podía pasar esto. En diciembre arreglamos la huerta y construimos el muro, y ahora no queda nada”, exclamaba mostrando los destrozos junto a su hogar, a escasos metros de las obras de Deskarga. “Estoy convencida de que cayó todo desde allí, pero, ¿a dónde voy a ir yo a mi edad a echar la culpa?”.

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