Colaboración

‘Accusatio manifesta’

Por Ignacio Pérez-Ciordia - Martes, 5 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Cuando una mentira se repite hasta la saciedad, se convierte en verdad;incluso esta se relativiza tanto que ya hablamos de posverdad. En nuestro conuco tenemos varios ejemplos que lo paradigmatizan como el “España va bien”, la contabilidad (doble) de las cajas de ahorro, el “si te mueves no sales en la foto”, el sibilino dame tu opinión que tú decides o la simbiosis entre el dicho y el hecho.

Pero hay una que por su sencillez cabalga a lomos de gigantes cual es la simplicidad de la ingenuidad. Oficialmente tienen pocos másteres, incluso escasa formación, pero son capaces de vender arena en el desierto porque conocen la naturaleza humana.

La cultura del esfuerzo, de informarse y analizar lo leído, de decidir en consecuencia, nunca ha sido bien considerada. Y ya se sabe que leer (pensar) es causa de cefalea e incluso de infelicidad. Seamos felices y hagamos alarde de nuestras carencias;convirtamos la verdad en posverdad.

Pero en este camino de rosas hasta alcanzar la verdad suprema servida en bandeja de latón a veces nos encontramos con pequeñas espinas en las autopistas. Seamos prácticos y pasemos de largo, no las vemos, que decidan ellos.

Cuando el derecho a la información se confunde con la asunción acrítica de historias fabricadas o de propaganda disfrazada de información, pasa a ser información tóxica o desinformación. Somos vulnerables, necesitamos desenmascarar imposturas.

A nivel supranacional se adopta el término fake news para identificar tal aseveración. Por supuesto, también existe a nivel más local, con actores secundarios pero con idéntico aire patricio;son bulos, medias verdades lexitímicas en busca de dar el salto del tigre y posicionarse en línea de salida.

Los bulos individuales tienen escasa repercusión social. La homeopatía es un buen ejemplo de ello;la ingenuidad del interesado es garantía de éxito.

Otro tipo de bulos son más generales y conllevan matices de tipo político e incluso ideológico que conllevan la desnaturalización de la sociedad. Son del tipo todos (los políticos) son iguales, y, aunque cada vez debemos hacer mayores esfuerzos para pensar que no, que no todos son iguales, sí que hay identidades comunes. Esta afirmación conlleva hilo directo con la pasividad y la apatía en algo tan básico como el ejercicio del voto. Debemos pellizcarnos y despertar del encandilamiento, rehuir el aura predemocrática de la verdad.

Frente a este bulo bulímico existe otro bulo anoréxico: únicamente se considera corrupción lo que acontece en Madrid. Idéntica situación en nuestra aldea o comunidad se justifica incluso desde la oposición parlamentaria-municipal. Nuestros prejuicios no lo consideran corrupción, solo debilidad humana, son únicamente no-noticias. Debemos medicalizar los rumores y evitar que el efecto placebo de los bien pensantes conlleve una creciente idiotización y se convierta en la memez del año.

Para finalizar, existen los bulos socioeconómicos, aquellos que dominan la calle. Son los desencadenantes de un cambio de opinión que articula los más bajos instintos únicamente a la espera de que aparezca la figura endiosada -Trump, Orban...- que encabece y guíe nuestra alma más animal.

Un efecto es la sensación distintiva que se hace desde la Administración para tener acceso a ayudas que permiten cumplir la legalidad, pero que la capacitación para el acceso a las mismas está supeditado a una serie de circunstancias y colectivos para-normales que hacen de la equidad, la disposición de dar a cada uno lo que se merece, el sujeto activo capaz de provocar entuertos. La igualdad reducida a unos pocos no es igualdad y la cohesión empeora al establecer barreras. Además, la ausencia de control en las ayudas hace que los efectos y conclusiones sobre el ciudadano sea repelente hacia las mismas.

Supone un sistema perverso de incentivos que, lejos de favorecer la cohesión, la socava, aun considerando que al diferente debe tratarse de manera diferente. No censuremos al voceras si no supeditamos una Trump(eria) a la simetría imparcial.

No se entiende el silencio de la Administración, obligada a decir la verdad, a no mentir para contrarrestar estos bulos informativos que aumentan cual bola de nieve la sensación de desapego y malestar hacia cualquier tipo de ayuda. Representa el contramodelo del derecho a la información como un bien en sí mismo y como un medio para contrarrestar esa eclosión de huevos de serpiente que va impregnando la mente y el corazón de los conversos.

Si ello se acompañara de una evaluación sobre sus resultados, sería definitivo para contrarrestar las mal-habladurías. Pero el chamanismo solo funciona como una cuestión de fe, pareciéndose a una timba de tahúres con cartas marcadas

Constituye el reverso de los mitos nobles, son trampas y galimatías que convierten en fetiche inviolable la no-respuesta contra la cual debemos inmunizarnos. Con humildad franciscana, solicitamos de la Administración detalles seductores que son los que diferencian a una sociedad digna de otra equidistante e igualitaria, pero arbitraria.

En esta situación, el bulo se convierte en bullshit, forma de falsedad distinta de la mentira propia del desconocedor consciente, ya que es imposible que nadie mienta a menos que sepa la verdad.