Editorial

Fracaso de la oposición en Navarra

La manifestación del pasado sábado contra el euskera, apoyada por UPN, PSN, PP, Ciudadanos y extremistas como Vox, pinchó de forma estrepitosa y confirmó que el alarmismo no cala en la inmensa mayoría de la sociedad

Martes, 5 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

un año después de que la oposición fracasara en su intento de movilizar a sus incondicionales con el falso argumento de que la bandera de Navarra estaba amenazada, los mismos protagonistas volvieron a pinchar el pasado sábado de forma estrepitosa en su afán de laminar al Gobierno del cambio con otra ocurrencia similar. Esta vez el eufemismo elegido para arremeter contra el euskera era la política lingüística impulsada desde el Ejecutivo de Uxue Barkos, que básicamente consiste en facilitar el acceso a una de las dos lenguas propias de la Comunidad Foral sin perjudicar a nadie. De nuevo la estrategia diseñada pasaba por dejar en manos de grupos desconocidos y minoritarios el papel de convocar la protesta, que no tardaron en secundar UPN, PP y Ciudadanos, y a los que incomprensiblemente volvió a unirse el PSN para compartir espacio callejero con formaciones extremistas como Vox. Desde que se conoció esta llamada a rebato ya se vio que era una movilización forzada y, por lo tanto, encaminada hacia el fracaso. La inmensa mayoría de la sociedad navarra, madura y con criterio, sabe cuándo existe verdadera motivación para movilizarse. Solo en los tres últimos meses, Pamplona ha sido escenario de protestas masivas coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, la reivindicación de unas pensiones dignas y la demanda de justicia tanto para el caso Altsasu como para el de La Manada. Cuatro manifestaciones muy superiores en cuanto a participación con respecto a la del sábado y sin que se financiara el desplazamiento hasta la capital desde otros lugares de Navarra. UPN y PP intentaron primero que fueran los propios ayuntamientos quienes pagaran con dinero público el transporte. Después, una vez que vieron que su propuesta no tenía votos ni aceptación social para hacerlo, fue la propia formación regionalista la que se ocupó de comunicar por todos los cauces posibles su disposición a pagar estos autobuses. Todo ello acompañado de una potente campaña política y mediática para desprestigiar el euskera, que sin embargo no ha calado entre la ciudadanía, que hace tiempo que no acepta las mentiras de lo que fue el viejo régimen y que percibe esta lengua como un valor cultural aunque no la hable. Y que además está muy hastiada de la estrategia de confrontación de quien dejó la Comunidad casi en bancarrota cuando perdió el Gobierno.