Colaboración

Hermosos y malditos, realidad literaria en la política española

POR Lázaro Echegaray - Lunes, 4 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

La literatura americana ha perdido dos de sus grandes valores en los últimos días. A la noticia inesperada de la muerte de Tom Wolfe, iniciador y para muchos alma mater del denominado Nuevo periodismo y novelista social, se ha unido la del fallecimiento de Philip Roth, otro analista claro y crítico de la sociedad americana. Wolfe y Roth compartían algo más que profesión y generación: ambos habían observado hasta la extenuación un modelo de sociedad que se ha expandido por el mundo entero, que quizás haya sido el ejemplo sobre el que se ha conformado el actual modelo occidental. A Wolfe le preocuparon de manera especial los prohombres de la sociedad actual, los vendedores de bonos y los grandes constructores, los triunfadores de las profesiones liberales, los master del universo, americanos que se debaten entre el tradicional hombre hecho a sí mismo -el cada vez menos contemporáneo self made man-, y los niños de papa que se han criado con la nevera, el armario y la estantería llenos, que han exhibido ante el mundo títulos académicos, reales, no falsificados, de los mejores campus del mundo y que en consonancia con la época que les ha tocado vivir, malgastan su supuesto virtuosismo en el convulso mundo de las finanzas, en el trapicheo de los bonos de cambio y el dinero fácil. A Roth le preocupaba la América judía que conforma, o al menos conformó, la base económica y moral del país, el estilo de los negocios y la familia, piedra angular de una sociedad llena de valores y de principios patrios, y la traición a esos mismos principios en beneficio de unos únicos dioses en los que creer: el dinero y el sexo. En ambos casos, los protagonistas de las novelas de estos autores entran en crisis. Expulsados del Paraíso, como el Cándido de Voltaire, lejos de la gloria que fue, descubren el lado oscuro de las cosas, llegan a mundos que supuestamente no eran para ellos, a los que no estaban destinados. La caída en desgracia les lleva invariablemente a la reformulación de sus estilos de vida. En el caso de Wolfe, la filosofía se convierte en la tabla de salvación de sus personajes cuando éstos se han hundido y el dinero ya nada puede hacer por ellos. En el de Roth, es la moral social la que se ocupara de sus pecadores.

Recordar los argumentos de estos dos grandes de la literatura universal hoy, es encontrar un hilo de unión entre los mismos y la actualidad política de España en general, y del Partido Popular en particular. Los personajes de las novelas de Tom Wolfe son gente arrogante y vanidosa, cínicos y soberbios, auténticos tiburones capaces de cualquier cosa con tal de llenar un poco más las arcas propias, traficantes sin escrúpulos de todo aquello que se ponga por delante, eludiendo toda meditación ética sobre su comportamiento.

Desde la perspectiva de Roth, las noticias que en los últimos días llegan desde Madrid se identificarían con la traición a los valores patrios que los propios corruptos, y su partido, exponen como base fundamental de su ideología. Nada era verdad, todo era mentira. No había patria por la que trabajar, ni banderas que defender que no fueran las suyas propias, ni ideologías fundadas en valores universales sacrosantos por los que decían luchar. Premisas que parecen haber sido diseñadas como meras excusas para el beneficio de una organización política y de las personas que la dirigen o la han dirigido. A partir de ahí, la traición en cuestión no afecta únicamente a los principios defendidos sino también a la cantidad de gente que ha confiado en quienes afirman ser defensores de tales principios y que ahora tiene que tomar una determinación en cuanto al apoyo que deben ofrecer a las personas y las siglas que dicen representarles ¿Cómo actuará en este caso la moral social?

No viene al caso citar el tópico de que en ocasiones la realidad supera a la ficción. Porque las novelas de ambos escritores son antes realidades que ficciones, y así se establecía en las normas del Nuevo periodismo. Más bien lo que se observa en la comparativa es la universalización de la ambición como modo de vida, el cinismo como modus operandi y la política como herramienta para lograr los fines. El resultado, ya en la novela, ya en la ficción, es la caída en desgracia, la tumba de todos esos personajes que han sido como un título de Scott Fitzgerald: hermosos y malditos y que hoy viven el ocaso de los master del universo.

No había patria por la que trabajar, ni banderas que defender que no fueran las suyas propias, ni ideologías fundadas en valores universales sacrosantos por los que decían luchar

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