Cartas a la Dirección

De aquellos polvos . El tabaco

Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Hace unos días, leí una larga entrevista que le hicieron al historiador bilbaino Fernando García de Cortázar y, entre otras cosas, afirmaba lo siguiente: “El odio a España de los vascos nace de una ignorancia supina”. No fue un buen diagnóstico y quiero escribir esta carta para que veáis de dónde vienen estos lodos de odio e ignorancia que menciona García de Cortázar. Ya en el año 1776, se prohíben los libros en euskera (Conde de Aranda). En 1768, se prohíbe el euskera en la enseñanza de las primeras letras y en todo tipo de representaciones teatrales. (Real Cédula de Carlos III) . En 1857, La Ley Moyano obliga que la escolaridad sea únicamente en castellano. En 1862, se prohíbe el euskera en todo tipo de Escrituras públicas. (Real Orden de Isabel II). En 1902, son castigados los maestros por enseñar en euskera (Real Orden de Alfonso XIII y Romanones). En 1923-1930, el euskera fue proscrito hasta en la enseñanza del catecismo (Primo de Rivera). En 1938, queda excluido el euskera en los Registros y Tribunales, escrituras públicas, escuelas, radios, discos y publicidad. Esto lo recordamos mejor.

Un doctor en medicina que ya se fue, cuando algún paciente le preguntaba: ¿Es malo fumar, doctor?, contestaba: Si usted quiere vivir solamente 50 años, fume cuanto quiera, pero si usted desea vivir más, déjelo cuanto antes;y como fumador arrepentido que era, te entregaba en mano un escrito que decía así: “Si el tabaco es un veneno, ¿para qué voy a fumar? Si no soy capaz de dejarlo él me puede exterminar, si yo me engaño fumando, tratando de ser feliz, ¿por qué en su lugar no intento meterme el dedo en la nariz? Buena la hizo Colón al América descubrir, que en su regreso triunfante esta planta trajo aquí, aunque también nos trajera la patata y el maíz, debió olvidar el tabaco para hacernos más feliz. Lo malo de este veneno, no solo ataca al que fuma, sino también a ese niño que duerme tranquilo en la cuna. Debo dejar el tabaco, como hiciera mi amigo Paco, pues vergüenza le daba al fumar, que otros sin ninguna culpa, su humo iban a tragar. ¡Erradica para siempre ese vicio! De lo contrario te matará, y aunque todos que morir tenemos, lo hagamos con calidad. Dile al tabaco, ¡fuera! Tira el paquete ya, dile, tú a mí no me matas, pues otro me ha de matar”.

En las primicias del siglo XVI, conscientes del veneno que era el tabaco, frecuente era leer en las plazas de los pueblos y villas: Alguaciles de la Justicia, impondrán cepo o picota, a todo aquel campesino, menesteroso o caballero, que fuese sorprendido inhalando, o expeliendo humos de la planta conocida por nicotiana tabacum, procedente de las Indias Occidentales. Se dieron cuenta de lo nocivo que era este vicio, tanto para el fumador activo como para el fumador pasivo, y hecha la cuenta de resultados, el balance resultó muy negativo.

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