‘Tempo’ para las compositoras

Las músicas Eva Ugalde, María Eugenia Luc y Beatriz Arzamendi, describen, junto al director de Eresbil, Jon Bagüés, la necesidad de “recuperar los trabajos de las pioneras” para garantizar un presente con referentes para las mujeres.

“Tenemos que conseguir que desde pequeñas las jóvenes que estudian música no le teman al ridículo” “La historia ha sido injusta con nosotras y hemos tenido poco espacio de visibilidad en la creación artística” “Veo, como profesora y como madre, que hombres y mujeres trabajan por cambiar el rol de los géneros”

Un reportaje de Alex Zubiria. Fotografía Ruben Plaza/Javi Colmenero - Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Aumentar el número de mujeres compositoras en Euskal Herria pasa por “recuperar” el trabajo de las pioneras que han permanecido “escondidas”. Divulgando modelos y referentes “que rompan el estereotipo” y con programaciones culturales que den proyección a sus obras, el Archivo Vasco de la Música, Eresbil, confía en que la cifra de 70 mujeres que tiene registradas en su catálogo, que incluye un total de 1.400 autores, se incremente. Las compositoras Eva Ugalde, María Eugenia Luc y Beatriz Arzamendi, con las que ha conversado NOTICIAS DE GIPUZKOA, están convencidas de que las masivas movilizaciones del pasado 8 de marzo también tienen que notarse en el mundo de la cultura.

La pasada edición Musikaste, el festival musical de Errenteria que organiza Eresbil, abrió una senda con el objetivo de servir “de precedente” para otros eventos diseñando más de la mitad de su programación con obras creadas por mujeres. “Ojalá haya más visibilización. Existen obras, pero no se les ha hecho caso. Hay un patrimonio que está escondido, lo que desincentiva a las nuevas compositoras a seguir creciendo como autoras con una obra más amplia y de mayor variedad”, reconoce el director de Eresbil, Jon Bagüés.

“No hay modelos ni referentes, y así, cuesta romper los estereotipos. Históricamente los hombres siempre han estado alrededor de la mujer, dejándoles jugar con las cosas, pero sin ir más allá. En el caso de la música ha sido todavía más acusado, ya que era un arte exclusivo para las mujeres aristócratas”, observa la compositora donostiarra Eva Ugalde, que pone como ejemplo de lo que dice a la pianista Fanny Mendelssohn. “Todavía hoy, cuando se menciona a Mendelssohn se piensa en su hermano Felix, a pesar de que ella era mejor compositora”, asegura.

Beatriz Arzamendi comparte esta misma impresión, pese a que cree “estamos viviendo una época de oro para las compositoras”. Según Arzamendi, a las estudiantes de conservatorio les debe acompañar el espíritu aventurero para lanzarse a componer “porque no hay ejemplos. La historia ha sido injusta con nosotras y hemos tenido poco espacio de visibilidad en la creación artística”, se queja la autora mondragonesa.

A la argentina María Eugenia Luc, por su parte, le cuesta diferenciar entre hombres y mujeres al hablar de compositores. “Creo que todos formamos parte de un mismo ámbito artístico”. Luc abandonó su Argentina natal con rumbo a a Milán, y después, Euskadi, donde ejerce como profesora en Musikene. “Aquí hay respeto por la figura de la mujer, no solo como compositora. Es algo que me emocionó en cuanto llegué. Creo que gracias al duro trabajo de las pioneras del siglo XX su papel ha ido cambiando, y ahora ya es otra cosa”, se felicita.

“En toda Latinoamérica hay una crisis económica tan grande que afecta a la cultura, sin importar si eras hombre o mujer. No he visto ninguna evolución ni buena ni mala desde que me fui, todo sigue en niveles muy bajos”, explica sobre la realidad en su país.

En Euskadi, mientras que las composiciones para cámara y las sinfónicas sí que viven un presente rico en cuanto a piezas creadas por mujeres, otros géneros continúan siendo un páramo para ellas. En los archivos de Eresbil solo figura una composición para banda escrita por una autora y de las más de 9.000 páginas que se han publicado de la revista Txistulari no hay ni un solo texto escrito por una mujer.

“Tenemos que equilibrar la balanza, a la vez que rescatamos los casos que siguen escondidos y perdidos, como pueden ser los de las monjas compositoras, que en Euskal Herria han sido una realidad muy notable”, explica Bagüés.

Para Ugalde, dedicarse a la composición coral facilitó su camino. “En este género las relaciones son más fluidas y no hay trabas. Las mujeres estamos más normalizadas y podemos pasar de tocar el piano a escribir música, que es solo un pasito más”, cuenta la donostiarra, poniendo como ejemplo su caso particular. “Yo tocaba el piano y fue Javier Busto quién me animó a improvisar y no tener miedo a la vergüenza. Tenemos que conseguir que desde pequeñas las jóvenes que estudian no le teman al ridículo. Esa es la mejor manera para que, de adultas, se hagan compositoras”, explica.

Arzamendi, por su parte, alerta de una desigualdad palpable a la hora de dirigir las orquestas. “Me preocupa mucho el momento que está atravesando la cultura. Domina el entretenimiento sobre el gozo espiritual de la composición y faltan mayores políticas de género. En toda una temporada de orquesta pública, por ejemplo, tranquilamente no se ve ni una sola mujer”, asegura la compositora, que tras formarse en la Escuela Arrasate Musical, tuvo que emigrar primero a Londres para continuar con sus estudios de dirección y luego a Madrid, donde actualmente ejerce como tal.

“Hemos perdido el miedo a denunciar”

Los movimientos del 8M tienen que reflejarse también en la cultura y servir como último paso hacia la igualdad de géneros entre creadores. “En líneas generales, estamos en un buen momento para las mujeres. Hemos perdido el miedo a denunciar, lo que nos va a permitir romper el techo de cristal que todavía existe en la música. Los jóvenes deben continuar con ese legado”, afirma Ugalde.

“Tenemos que aprovechar el empujón del pasado 8 de marzo para construir una sociedad igualitaria y dejar de estar ausente en la música. Yo me veo igual y al mismo nivel que mis compañeros de formación”, señala Arzamendi.

Luc cree que por fin vivimos un tiempo en el que las mujeres pelean por conseguir sus sueños. “Veo, como profesora y como madre, cómo las mujeres y los hombres trabajan codo a codo por transformar el rol de los géneros”, cuenta.

“El papel de los hombres en el futuro es igual de importante que el de las mujeres. Nuestro futuro está en nuestras manos, pero también en las suyas. Necesitamos que cedan sus parcelas de poder y necesitamos de su inquietud para cambiar las cosas. Las mujeres estamos hartas de hablar del desequilibrio histórico. El el mensaje debería ser más para ellos que para ellas”, concluye Ugalde.