Gipuzkoa

Cáritas constata un descenso de la pobreza, pero los casos se “cronifican” y son más “complejos”

Presentación de la Memoria de Cáritas Gipuzkoa relativa al ejercicio 2017, ayer en Donostia.

La entidad atendió en 2017 a 23.479 personas, 3.230 menos que el año anterior, pero gastó 170.000 euros más
El coste se ha disparado un 77% en diez años en el conjunto de la CAV

Iraitz Astarloa Ruben Plaza - Jueves, 31 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - La crisis económica parece haberse alejado de Gipuzkoa, al menos en lo que respecta a términos macroeconómicos, pero sus coletazos continúan teniendo un efecto devastador en los sectores más vulnerables de la población. Según constata Cáritas, por tercer año consecutivo se ha registrado una reducción considerable de las personas que han sido atendidas por la entidad, aunque se trata de cifras todavía “muy superiores” a las de hace una década.

Sin embargo, la pobreza, lejos de desaparecer, se está “cronificando” y los casos son más “complejos”, lo que provoca que para las organizaciones sin ánimo de lucro que se encargan de atender a estas personas, la actuación sea cada vez más difícil y requiera de mayor esfuerzo económico y humano.

Así lo señaló ayer el director de Cáritas Gipuzkoa, José Ramón Aramendi, quien compareció en Donostia acompañado por el secretario general de la entidad, José Emilio Lafuente, y la administradora, Kontxi Elexpe, para presentar la Memoria del territorio correspondiente a 2017.

Aramendi indicó que, frente a las más de 26.000 personas de las que Cáritas se ocupó en 2016, el pasado año dio servicio a un total de 23.479, si bien invirtió 3,2 millones de euros en la atención directa, lo que supone un incremento de 170.000 euros con respecto al año anterior.

Los datos son todavía más elocuentes si se tiene en cuenta la situación general de Euskadi. La entidad ha empleado 5,36 millones en atención directa, superando en un 77% el montante que se destinaba en 2007, convirtiéndose 2017 en el año en el que Cáritas ha gastado más dinero en su historia.

La razón es sencilla. Las pobreza se está “cronificando” y los casos son cada vez más “complejos”, con lo que las actuaciones que se llevan a cabo con los colectivos vulnerables deben ser “más intensivas”. “Se necesita más apoyo y de una forma mucho más intensa para salir de la pobreza”, destacaron los responsables de la entidad en Gipuzkoa.

En este sentido, Aramendi recordó que dos de cada tres personas padecen una situación de exclusión desde antes del estallido de la crisis económica en 2008, lo que indica que “hay una parte de la población que, a pesar de las dinámicas sociales de mejora”, sigue sin poder salir del agujero. De hecho, “los hogares que menos están percibiendo los efectos del nuevo ciclo económico son, paradójicamente, aquellos que más sufrieron los efectos de la crisis”, remarcó.

Para este colectivo, con severos problemas para acceder al mercado laboral, el pago de la vivienda supone un importante hándicap. De hecho, según apuntó Aramendi, de los 11,2 millones de inversión total de Cáritas, el 34% se destinó a vivienda, el 32% a subsistencia, el 16% a empleo y formación, el 12% a suministros, el 4% a transporte y el 2% a educación.

En lo que respecta a la necesidad de alojamiento, Cáritas está trabajando estrechamente con el Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco, a quien instó a promover un plan público de vivienda que favorezca la opción del alquiler social.

Asimismo, en el territorio, la entidad cuenta con un parque de 20 viviendas a las que quiere añadir nuevas captaciones, para luego cederlas a personas en situación de dificultad.

soledad y aislamiento Aunque la pobreza es igual de cruda en cualquier zona del Estado, en Euskadi tiene un factor diferencial: se vive en “soledad y aislamiento”. Cada vez son más las personas mayores, familias monoparentales (especialmente mujeres con hijos a su cargo) y las personas que viven solas que se encuentran en situación de pobreza. De hecho el 6,4% de los atendidos en 2017 vivían solos y carecían de una red familiar o social en la que apoyarse.

Así lo indicó el secretario general de la entidad, José Emilio Lafuente, quien precisó que esta realidad coincide con lo que ocurre en “sociedades con economías más boyantes, como los países nórdicos”, donde se desarrolla un modelo social “más individualista”.

Para hacer frente a esta realidad, Cáritas Gipuzkoa ha modificado su organización interna para acercarse a aquellas zonas con un mayor índice de personas en situación de vulnerabilidad, con el objetivo de “desarrollar tareas de acompañamiento que promocionen y empoderen” a esas personas.

Asimismo, reclaman a la sociedad guipuzcoana que colabore de forma voluntaria con ellos. “Necesitamos voluntarios de todo tipo y de todas las profesiones. Voluntarios informáticos, cocineros o community managers, pero sobre todo necesitamos voluntarios para el acompañamiento. Que den apoyo y calor humano a estas personas, para que puedan comunicarse y desahogarse”, manifestó.

En la actualidad, Cáritas Gipuzkoa cuenta con una red de 1.021 voluntarios, que ascienden a 3.858 en el conjunto de la CAV.

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