Verbomanía

Origen

POR Pablo Orlando - Jueves, 31 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 09:15h.

“Cuando mi abuelo vivía en esta maldita tierra yerma, como él la llamaba, todas las primaveras manadas de búfalos venían a beber al lago. Por eso esta destartalada barraca, que no sé ni cómo ha resistido al paso del tiempo, está situada en lo más alto de la colina, divisando la misteriosa llanura en la que un día se libraron batallas, y por la que galoparon los indios Arapahoes, antes de que cayeran en la masacre de Sand Creek.

Yo, que por aquel entonces desconocía su enfermedad, sentía estar viviendo un sueño cuando él, recostado sobre su butaca, hablaba con desatada ternura de aquellas vivencias de su infancia. Aquel lugar, su patria, a la que nunca más regresó desde que un día decidió abandonarla para siempre y, tras cruzar el país, atravesó el océano en un buque de carga con el anhelo de vivir en Europa.

Pero ya ves, después de todo lo vivido uno casi siempre termina regresando a su lugar de origen. Esta vida tan engañosamente grande termina resultando tan chica que ahora su recuerdo se derrama como la lava de un volcán en mi memoria”.

Yo le escucho hablar a mi amigo y no sé qué decirle. Hemos viajado casi 10.000 kilómetros para enterrar (en esta maldita tierra yerma) la urna que contiene las cenizas de su abuelo. Pero aquí ya no hay ni búfalos ni indios bullangueros recorriendo las llanuras sobre los lomos de sus potros. Ante nosotros solo tenemos un hermoso atardecer, un sol que poco a poco se va hundiendo en la tierra igual que nosotros hemos hecho con los restos de su abuelo Manuel.

No sé, es posible que todas las noches brille el sol allá donde quiera que estén las almas de los muertos.