Desde la Avenida de Tolosa

La ‘Torre Inclinada’ de Sánchez

Por Adolfo Roldán - Miércoles, 30 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Vladímir Tatlin (Moscú, 1885-1953) fue el inspirador de un sueño que jamás se hizo realidad. Fue como artista, el pionero del Constructivismo ruso y como persona, un ser envidioso, ávido, utópico y muy competitivo. Ambicionó superar la Torre Eiffel (1889) de Gustave Eiffel y el Suprematismo (abstracción geométrica) de Kasimir Malevich, con una Torre Inclinada (1920) que debía alcanzar los 400 metros. Estaba dividida en tres secciones que iban a rotar a diferentes velocidades. Se habló y escribió profusamente sobre ella, llegando a calificarlo como el monumento definitorio del Constructivismo. Desgraciadamente careció del cristal y hierro suficientes para hacerla realidad y por eso nunca pasó de ser una simple maqueta. Hoy, la Torre Inclinada, de Tatlin, continúa siendo el objeto inexistente de mayor repercusión del siglo XX o la metáfora impracticable de un sueño. Pedro Sánchez es un tambié un creador de ensoñaciones dentro de la política española. Tiene su Torre Inclinada, que es llegar a la Moncloa. Ha diseñado diversas estrategias, pero han muerto hasta ahora como meras maquetas o presuntos garabatos. Todas sus iniciativas han estado ilustradas por críticas feroces, unas extramuros de Ferraz y otras, las más frecuentes, intramuros. Esta semana Pedro Sánchez ha exhibido su nueva Torre Inclinada (¿la última?), aprovechando la sentencia de la Gürtel, y el jarro de agua fría derramado sobre la cabeza de Rajoy. El PP ha vuelto a envolverse en la bandera española, acusando al secretario general del PSOE de traidor al Estado, antes incluso de sentarse a dialogar con los independentistas. De todas formas, la estrategia pepera suena a impostora, desde que Ciudadanos se le ha adelantado por la derecha en sus rancios argumentos. El jueves y viernes Sánchez exhibirá en el Congreso las bondades de su Torre. Hay demasiados intereses en juego, casi todos contradictorios y rivales. Me temo que a la Torre Inclinada de Sánchez se transforme en una Torre de Babel, donde cada uno tire para su lado, ‘ad maiorem Marini gloriam’

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