Mar de fondo

Días de militancia

Por Xabi. Larrañaga - Sábado, 26 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

de un tiempo a esta parte, o sea, del paleolítico en adelante, va multiplicándose el forofo gratis, el fiero discípulo que nos recuerda, con su fe rocosa, que militancia viene de milicia. No es ese político que por obediencia o hipoteca afirma que luce el sol aunque porte paraguas. Es su trabajo y si destaca asciende a la portavocía, el arte de la imperturbabilidad. Tampoco es ese periodista empotrado en una diaria caravana electoral, más fiel al cinismo a plazo fijo que a la variable verdad. El más cachondo acaba de ariete impávido en la tertulia, donde trata de engañar a todo el mundo salvo al árbitro y a su almohada.

No, me refiero a otro, al sumiso crédulo que, amén de tragarse cualquier marcianada de su líder, se empeña en que la digiera el prójimo. Para Pessoa el portugués es un militante de la imposibilidad, y en España el voluntarista adepto también defiende lo imposible. Quizás albergue ideas propias, pero no está de acuerdo con ellas si refutan las de su clan. O se habituó tanto a mentir que sin darse cuenta ha terminado mintiéndose. Y, a diferencia del palmero a sueldo, nunca sufre problemas de conciencia porque en serio piensa que la tierra es plana y no suele cobrar por ello. Su lealtad de hooligan, más que la inocencia, le ha robado el intelecto.

Y, claro, hay militantes críticos y discutidores, decepcionados y dimisionarios, gente comprometida. Nada contra ellos y les agradezco el esfuerzo. Los otros, los impertérritos, los que aún sostienen que Rajoy no sabía nada, esos son los que ya provocan una mezcla de ira y compasión. He ahí un ejemplo a la derecha. A la izquierda también hay.

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