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Sin rencor desde Catalunya

PDeCAT y ERC comprenden el apoyo del PNV y sitúan el auténtico escenario político en un diálogo entre gobiernos

Juan Mari Gastaca - Jueves, 24 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

En las escaleras del patio de confidencias del Congreso, sobre todo en un día tan propicio a las inevitables especulaciones interpretativas sobre la suerte final de los presupuestos, el portavoz del PDeCAT, Carles Campuzano, reducía a la lógica del “interés por Euskadi” el voto determinante del PNV, que ha terminado por sustanciar el suspense. “Ellos han mirado para su tierra que es lo que tienen que hacer”, decía a quien le requería su opinión sin circunloquios. Ni siquiera en su análisis sosegado hizo una mínima alusión crítica a ese número envenenado del 155, porque tampoco sabe qué deparará tanta obstinación compartida, alejado como está del cuartel alemán de las decisiones del Govern y sin terminales ya con Moncloa. Una arrinconada posición en el tablero político al que el caudillismo de Puigdemont ha abocado hace meses a su delegación en el Foro.

Pese a semejante desconexión, Campuzano no pierde la necesaria frialdad para escrutar sin tibieza que el auténtico eje del mal radica en ese diálogo pendiente entre dos gobiernos, cada vez más empecinados en atrincherarse, uno en la provocación y otro en el imperio de una ley que empieza a perder pie en Europa.

A la embajada del independentismo catalán en Madrid no le preocupa que se aprueben los presupuestos. Solo les quita el sueño el bucle que les atenaza, ese nefasto enquistamiento al que se asiste sin visos de una solución inmediata. Desde luego el alineamiento del PNV no va a empeorar las interrelaciones. “Aquí seguiremos igual”, admitía con naturalidad Campuzano.

La agresividad en el discurso queda para EH Bildu que se encuentra en el País Vasco con un discurso fácil. Ahora bien, la coalición tampoco se hubiera rasgado las vestiduras si el rechazo a los presupuestos privara a miles de pensionistas en Euskal Herria de una mejora sustancial en sus prestaciones. Ni mucho menos lamentaría la pérdida de 600 millones en inversiones, sobre todo si son para el TAV. Y en la cuestión de los beneficios de la tarifa eléctrica en la industria, no trabajan ese paño.

En esta cascada de análisis que se sucedían en una jornada convulsa entre ruedas de prensa, escaños intencionadamente vacíos y, sobre todo, pasillos, tampoco quienes interpretaban a ERC desprendían recelo alguno por el movimiento estratégico del PNV. Su guerra es otra, mucho más introspectiva, pendiente de esa sumisión que les atrapa desde aquel doliente 21-D y que priva de su pragmatismo cuando se pretende una solución.

Otra cosa bien distinta es el malestar que a este grupo republicano le provoca la posición del PSOE en la resolución del segundo capítulo del procés. En su fuero interno siguen teniendo una cuenta pendiente con la actual dirección socialista desde aquel paso en falso que Pedro Sánchez dio cuando pergeñaba su infausta investidura. Pasado el tiempo, ahora se reabren las heridas por culpa de algunos movimientos en ayuntamientos de referencia.

Era una tarde abocada a la búsqueda de explicaciones. Aitor Esteban lo ha sufrido en carne propia y era fácil de imaginar. Ni siquiera fue suficiente su prolongada rueda de prensa para saciar el apetito de pupitres llenos de preguntas. Todos rastreaban el último dato, la letra pequeña que se habría fraguado en dos días y una mañana plagada de llamadas y de cruce de mensajes. Tampoco lo pudo explicar un sonriente Mariano Rajoy, quizá en las horas más alegres desde hace mucho tiempo. Una felicidad que le permitió esta vez no refugiarse por la puerta trasera como el día anterior. Quería disfrutar del éxito siquiera unas horas. Sabe que mañana sale la sentencia de la Gürtel y los augurios producen escalofríos.

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