El ala oeste

Lo malo y lo peor

Por Estíbaliz Ruiz de Azua - Miércoles, 23 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 10:10h.

Podría decirle que la entiendo, que sé por lo que está pasando;que comprendo su angustia, su mirada nerviosa, la tristeza e incluso la resignación con la que me cuenta su historia. Podría decirle que la comprendo, pero no. Por mucho que intente imaginar, por mucho que trate de ponerme en su situación nunca podría sentir lo que ella siente hoy, nunca podría comprender esa inquietud que la acompaña desde hace más de cuatro años.

Ella se llama Ana y es la madre de Borja Lázaro, el joven vitoriano desaparecido en La Guajira, en Colombia. Los "si hubiera", los "si no hubiese" cuajan su relato. Si no hubiese vuelto a esa aldea indígena a entregarles esas fotografías, si no se hubiera ganado la confianza de aquellos que lo acogieron, si no hubiese viajado hasta allí. Qué pudo pasar, se pregunta. Quizás se desorientó en el cercano desierto, quizás se metió en el mar, quizás fue secuestrado, quizás vio algo que no debía haber visto. Demasiadas elucubraciones, demasiadas preguntas que no tienen respuesta, demasiadas ausencias con las que convivir y a las que hay que hacer frente. Porque, como ella misma dice, cuando alguien desaparece hay parte de él que se queda aquí. Es la huella material de lo que somos: el crédito que no terminamos de pagar, las facturas a las que no les importa si estamos o nos hemos ido, la burocracia que no entiende de sentimientos ni de ausencias.

Todo pesa, todo duele, y entre lo que más desgasta, la incertidumbre. Cómo hay que llorar a un hijo que desaparece y del que nada sabes, ni siquiera si ha muerto. Cómo hablar de él para no crear más dolor entre los que lo quieren y lo quisieron. Cómo perdonarte que haya momentos en los que quisieras poder elegir entre el no saber y la certeza de que no volverá;entre la mínima esperanza y la constatación de su muerte. Entre lo malo y lo peor, aunque nadie sepa decirte qué es lo malo y qué es lo peor.