Desde la Avenida de Tolosa

El cajón de las pesadillas

Por Adolfo Roldán - Martes, 22 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

La iniciativa de Marta Sánchez pasará al fondo de un cajón del Ministerio de Cultura como ya ocurrió con varios cientos de propuestas elaboradas sin éxito a lo largo de 232 años. La Marcha Real, también conocida como himno nacional de España, nació como un simple marca pasos militar para los granaderos, compuesto por Manuel Espinosa de los Monteros. El 3 de septiembre de 1770, el borbón Carlos III, conocido como el mejor alcalde de Madrid y, sobre todo, como el rey más aburrido de Europa la convirtió en marcha de honor. En 1795, la letra y música de la revolucionaria Marsellesa consiguió el primer puesto del concurso de Eurovisión, que todavía no había nacido. El himno francés despertó la envidia de otros estados, que trataron de imitarlo. La historia de España reconoce que todos los intentos habidos, han fracasado. El primero fue obra del insípido escritor Ventura de la Vega (1843) (venid españoles/ al grito acudid/ Dios salve a la reina/ dios salve al país), versos que quedaron en el olvido. En 1870 el general Prim volvió a intentarlo convocando un concurso al que acudieron cinco obras, todas ellas de ínfima calidad. El concurso quedó desierto. En 1909, Eduardo Marquina recibió de nuevo el encargo de ponerle versos, pero su intento, (Gloria, gloria, corona de la patria/ soberana luz/ que es oro en tu pendón/ vida, vida/ futuro de la patria/ que en tus ojos es/ abierto corazón), como es lógico tampoco cuajó. En 1928, Miguel Primo de Rivera hizo el mismo cometido a José María Pemán cuyos versos (¡Viva España!/ alzad la frente/ hijos del pueblo español/ que vuelve a resurgir) fueron efímeros. Con la llegada de la Segunda República, el Himno de Riego sustituyó al borbónico, pero el franquismo acabó con él. El último intento fue en 2007 con un concurso de la SGAE y del Comité Olímpico Español al que acudieron 7.000 sugerencias, todas ellas rechazadas. Así llegó Marta Sánchez, con una letra tan ramplona que haría correr a todo un batallón de granaderos. Irá al cajón de las pesadillas, por mucho que se empeñe Albert Rivera.

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