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Los guipuzcoanos se dan el sí quiero con bodas a la carta

Jardines de ensueño para jurarse amor eterno, ‘food trucks’, ‘showscooking’, carros con golosinas, ‘photocall’ y fotomatón con disfraces forman parte de las bodas de hoy en día en el territorio. Todo, por unos 25.000 euros. El 60% se va en la comida.

Un reportaje de Ruth Gabilondo - Domingo, 20 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

mayo ha sido el mes elegido por el príncipe Enrique de Inglaterra y Meghan Markle para celebrar la que está llamada a ser una de las bodas del año. Como ellos, decenas de guipuzcoanos apuestan por los meses de primeravera y verano para darse el sí quiero. Así, desde mayo hasta octubre, Gipuzkoa celebra su particular temporada alta de enlaces.

Fincas con jardines espectaculares, llegadas en helicóptero o velero, decoraciones mimadas al milímetro, regalos solidarios, food trucks, shows cooking, candy bar, espectáculos en directo, fotomatones y animación infantil. Así son las bodas que se celebran en la actualidad en Gipuzkoa, a la carta, personalizadas y con un toque original. Los novios pueden hacer realidad sus sueños y realizar peticiones inimaginables, pero todo dependerá del presupuesto que manejen.

Para darse el sí quiero, la feliz pareja debe contar con unos 25.000 euros, que será lo que les cueste el bodorrio. De ahí, el 60% aproximadamente va destinado al banquete, que en eso los guipuzcoanos no han variado mucho: abundante, con un buen pescado y solomillo. Con el dinero que sobre se deberá montar el resto del enlace.

La propia celebración ha variado mucho en el territorio, ya que desde 2007 tienen lugar más bodas civiles que católicas. Esta tendencia sigue en aumento y ahora los novios prefieren jurarse amor eterno en una finca o en un restaurante, que acoja desde la ceremonia, hasta la comida y el baile. El problema de las fincas es que el alquiler normalmente suele estar por las nubes, así que muchos restaurantes están empezando a ampliar su zona ajardinada, y también hay agroturismos que están ofreciéndose para celebrar enlaces.

Las fincas más demandadas por los guipuzcoanos son la Torre Satrústegui, Itxasbide y Arbaisenea, en Donostia, el Palacio Murgia en Astigarraga, y Machoenia en Urrugne. Además, suelen optar por restaurantes con jardín como Katxiña, en Orio, con vistas como el Mirador de Ulia, con tradición como el Hotel María Cristina o vanguardistas como el Ni Neu, en Donostia. Y la última tendencia es celebrar las bodas en casas particulares, donde se despliega una gran carpa. Pero, claro, para ello hay que tener mucho terreno.

En los últimos tiempos también se ha consolidado en Gipuzkoa la figura de las wedding planners, que llegan a oficiar la boda delante de los invitados, ya que muchos matrimonios se han casado días antes del banquete. “En Euskadi ha costado delegar la organización de las bodas a un tercero, que no es de la familia”, afirma Ainara Jiménez, gerente de Gipuzkoa Eventos. Pero “la gente cada vez está más estresada y necesita a alguien que le ayude a buscar presupuestos y proveedores”, señala.

Las personas que solicitan la ayuda de estas asesoras suelen querer “una boda diferente”, y aunque participen en su organización, se sienten “más tranquilas al saber que han confiado en un profesional que les va a ir guiando” en este proceso, según destaca Leire Ibañez, directora creativa de 20eventosweddingplanners.

El perfil de clientes que le llega a Virginia Errecalde, gerente de SundayAtelier, es de parejas que trabajan los dos o que viven fuera y vienen a casarse a Gipuzkoa. “No tienen tiempo, porque al final son un montón de gremios, hay que coordinar, gestionar presupuestos, hacer visitas, tener reuniones...”, explica.

Una vez elegido el lugar donde se va a celebrar el enlace y el restaurante o el cátering, lo siguiente es contratar al fotógrafo y el vídeo de la boda. Y, en ese sentido, prima el estilo estadounidense. “Las nuevas generaciones tienen más cultura visual y buscan un estilo más fresco. Se hace todo de forma muy documental, un fotoperiodismo de bodas, sin molestar a los novios. Antes, tenías a un fotógrafo dirigiéndote, ahora yo no intervengo. Los retratos son rápidos, se hacen en diez minutos”, afirma Iker Azurmendi, fotógrafo de bodas. En cuanto a los vídeos, suele haber dos o tres cámaras grabando e, incluso, drones sobrevolando el enlace.

Preboda, Boda, postboda Los enamorados piden “naturalidad, que no se enteren de que se les están haciendo fotos, que los fotógrafos capten instantes, que no los provoquen”, explica Ainara Jiménez. Para lograr esa “naturalidad”, se organizan las prebodas, donde los novios van de calle y se van acostumbrando a la presencia del fotógrafo. Como ya no está de moda hacerse un book de fotos el mismo día de la boda porque los recién casados quieren disfrutar del cóctel, muchas parejas contratan al fotógrafo para la postboda, donde se vuelven a vestir y realizan las fotografías en parajes distintos, sin prisas.

Y es que el día de la boda todo pasa muy rápido y los novios suelen querer que hasta su llegada sea espectacular. Antiguamente, los recién casados iban en el coche del padre de la novia, y ahora lo pueden hacer en espectaculares vehículos, en sidecar, furgonetas surferas, velero o, incluso, en helicóptero.

Una vez en el lugar del banquete, no puede faltar el cóctel, que es otro de los imprescindibles en las nuevas bodas guipuzcoanas. La tendencia es que sean “más largos” y que los invitados solo se sienten para comer dos platos. “Se llevan mucho los showscooking, las estaciones de queso, los puestos de jamón, de ostras o de anchoas. Por un lado, decora y, además, la gente puede interactuar. Lo prefieren a estar tres horas sentados”, indica Ainara Jiménez, de Gipuzkoa Eventos. También los carros de sangría o limonada y, por supuesto, el Candy Bar, un stand repleto de golosinas. El cóctel suele estar amenizado con música en directo, que le da un plus al enlace y los invitados suelen pasar por un photocall para inmortalizar el momento.

La decoración se cuida al milímetro. Madera, tonos pastel, la flor de paniculata, el eucalipto, asientos de paja, lo “fino y cuidado” es lo que triunfa. “Hay novios que desean personalizar aún más su boda y ser partícipes en la elección y elaboración de parte de la decoración y de sus detalles”, afirma Naiara Osquila, propietaria de El Taller de Los Detalles, donde el futuro matrimonio podrá elaborar junto con ella desde el Ongi Etorri, hasta el seating plan, los identificadores de mesa o el photocall.

Una vez acabado el banquete, llega el momento de los regalos a los invitados. Las alpargatas para que las chicas se desprendan de los tacones durante el baile suele ser otro must y, muchas veces, suele haber un detalle para las invitadas embarazadas, como un body para el futuro bebé con la frase “Yo también estuve en la boda de…”.

REGALOS SOLIDARIOS Desde hace unos años se han puesto muy de moda los regalos solidarios, en lugar de los típicos jabones o espejos, que muchas veces se acaban abandonando encima de la mesa. Por ello, los novios prefieren gastarse 2 o 3 euros por cada invitado y regalarles una tarjeta solidaria de una ONG o un detalle que ayude a una fundación sin ánimo de lucro.

Pasado el momento regalo, las bodas no suelen librarse del típico power point con las fotografías de los novios, que repasan su infancia, adolescencia hasta el momento que se conocen, según reconocen las wedding planners. En pocas ocasiones se ve alguno original y algunas veces suele ser un “tostón” para los invitados. En esto, así como en la indumentaria de los novios, ella siempre de blanco y él de traje o esmoquin, los guipuzcoanos no han innovado.

En lo que sí se han modernizado es en la tarta nupcial. Aunque no se renuncia a ella, ahora hay mesas de postres, con un sinfín de tartas, que los invitados pueden ir cogiendo durante el baile. Y, tampoco puede faltar la recena, ya que en Gipuzkoa lo habitual es que las bodas sean de día y se alarguen hasta la madrugada.

En las recenas están en boga las food trucks, camionetas que ofrecen hamburguesas de label vasco, pizzas, crepes o, incluso, talos. “Todo lo que sea en vivo, que dé un poco de espectáculo, siempre es un extra”, señala Leire Ibañez. Para este momento, ni se baja la música como se hacía antes, ni se sienta uno a comer. “Ahora, no para la fiesta”, indica Ainara Jiménez.

Durante el baile, otro servicio indispensable es el fotomatón, instado en muchas ocasiones dentro de una furgoneta: se prepara una mesa llena de objetos con los que disfrazarse y los invitados van pasando a hacerse fotos tipo polaroid.

En el baile, también hay cabida para todo lo que los novios deseen. Desde maquilladoras que dibujan la ropa de los invitados con una pintura especial, que solo se ve con un tipo de iluminación concreta y que da un resultado espectacular, según Leire Ibañez, hasta la hora loca, originaria de las bodas sudamericanas, momento en el que se reparten máscaras y disfraces a los asistentes.

El desmadre de una boda suele estar reñido con la presencia de los niños, por eso algunos novios optan por poner en la invitación “de manera muy sutil” que la infancia no tiene cabida en la celebración, y otros apuestan por contratar animación infantil. “Así disfrutan todos, los niños que tienen un montón de actividades y los padres”, explica Ibañez, de 20eventosweddingplanners.

A Ibañez, una de las peticiones más extrañas que le han realizado, la hizo un novio extranjero que quería conseguir un oso perezoso para darle una sorpresa a su esposa. Evidentemente, tuvo que rechazarla y explicarle que “aquí no puedes sacar a un animal del zoo para que se haga fotos” durante la boda.

Más allá de las extravagancias que plantean los novios, algo que no es habitual en Gipuzkoa, lo que desean es que su día de ensueño sea recordado por todos, tenga un toque original, sea un evento muy cuidado, que guarden en la retina todos los invitados.