Tribuna abierta

Tribuna abierta El reto de un medio rural y sostenible

Por Miren Elgarresta - Domingo, 20 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

En un contexto global en el que el 55% de la población mundial vive ya en zonas urbanas, se sitúa la preocupación y la acción de los gobiernos por asegurar la pervivencia del medio rural y evitar que éste sea tragado por la presión y el poder de atracción que ejercen las ciudades.

Nuestro Territorio, con estrategias, políticas y recursos dirigidos a su cuidado desde hace décadas, es buen ejemplo de ello. Se trata de garantizar las condiciones que permitan el mantenimiento de las zonas rurales: zonas vitales para nuestro ecosistema, proveedoras de recursos agrícolas, ganaderos y otros. Zonas que, en gran medida, se sostienen gracias a la valiosísima actividad de los y las baserritarras que dan vida a Gipuzkoa, proveedoras de recursos esenciales para el desarrollo socio-económico del conjunto de nuestra sociedad.

Además, no debemos olvidarlo, las zonas rurales son también garantes y custodias de nuestras tradiciones y cultura, proveedoras de vivienda, lugar para el disfrute de actividades de ocio, etc. Y su desarrollo nos permite garantizar también la sostenibilidad del Territorio, su biodiversidad, compensar la Huella Ecológica de nuestros núcleos urbanos, etc. Se trata, por tanto, de un medio clave, que las Administraciones Públicas debemos preservar para evitar la pérdida de recursos socio-económicos, y los valores culturales e identitarios que conllevaría su desintegración.

Como sucede en el resto de ámbitos de nuestra sociedad, el estudio de las zonas rurales apunta riesgos específicos para su cohesión y su mantenimiento a los que es necesario prestar atención primero, y hacer frente, después. Desde hace tiempo, y más concretamente, el estudio del ámbito rural evidencia patentes desigualdades de género que, de no ser corregidas, afectarán a los pilares de su estructura y su capacidad de desarrollo futuro. Desigualdades que necesariamente debemos corregir.

Estos estudios apuntan, por ejemplo, que a pesar de constituir cerca del 50% de la población del medio rural, el grado de masculinización en este entorno no deja de crecer. Un crecimiento motivado por las desventajas que las mujeres enfrentan en el día a día de su desempeño profesional (titularidad de las explotaciones mayoritariamente masculina, segregación laboral, puestos de menor valor y salario, mayor brecha salarial…). Dificultades que, aunque existentes, encuentran en menor medida y proporción en el medio urbano.

Las zonas rurales están, de hecho, pobladas por mujeres con índices de formación llamativamente altos en los pueblos más pequeños, que encuentran en los núcleos urbanos mejores oportunidades. Es lo que se conoce como el fenómeno de la “huida ilustrada”. En lo relativo a la esfera privada, la presencia de estereotipos sexistas tiene también mayor influencia en los municipios con poblaciones reducidas, y los datos indican que la actividad asalariada de las mujeres solo es socialmente aceptada mientras estas no desatiendan el rol doméstico y familiar;ámbitos en los que acarrean el mayor peso. Una distribución desigual en la esfera privada, que nuevamente contribuye a dificultar su incorporación a un mercado laboral poco receptivo con ellas y merma sus tiempos de ocio.

La toma de conciencia sobre las particularidades que enfrentan las mujeres en el medio rural y cómo influye su presencia o ausencia para garantizar el equilibrio de las zonas rurales, constituye, sin duda, el primer paso para trabajar sobre factores de cambio. El reciente diagnóstico que hemos llevado a cabo desde la Diputación Foral de Gipuzkoa con objeto de ahondar en las especificidades de nuestro Territorio, nos ha permitido corroborar la tendencia general más allá de nuestras fronteras y, sobre todo, identificar con mayor precisión dónde se encuentran las oportunidades de mejora para Gipuzkoa.

Si atendemos al punto de partida, somos el territorio de la Comunidad Autónoma Vasca con mejor equilibrio territorial. Y queremos continuar siéndolo por todo lo que representa a nivel de cultura, paisaje, economía agrícola ganadera, turismo, etcétera. Gipuzkoa cuenta con 120.000 habitantes residiendo en zonas rurales, el 30% de los cuales viven en municipios y barrios rurales con poblaciones inferiores a 2.500 habitantes. Municipios que ocupan, por su parte, el 44% de la superficie total de nuestra provincia. Un porcentaje elevado en proporción.

Actuar partiendo de información precisa y bajo esta orientación de futuro, nos permitirá adoptar medidas desde la Institución que permitan superar las diferencias socioeconómicas entre los hombres y mujeres de Gipuzkoa. Políticas diseñadas con vocación de transversalidad, que atiendan a criterios profesionales, de renta, formación o movilidad, entre otros. Porque el equilibrio territorial es clave para el futuro de nuestro Territorio y porque las mujeres juegan un papel fundamental en el desarrollo sostenible del medio rural y en su cohesión. Y, sobre todo, porque el desequilibro aflora una cuestión de justicia social a la que debemos atender.

En este marco se sitúan las jornadas de difusión que estamos llevando a cabo en los últimos meses en diferentes municipios desde la Diputación Foral de Gipuzkoa. Jornadas dirigidas a la explicar con detalle cuál es la situación actual en nuestro Territorio y a poner en común acciones de mejora. Porque queremos compartir las políticas de futuro con sus protagonistas, recibir sus opiniones, y queremos, en última instancia, asegurar que nuestro medio rural ofrece las condiciones necesarias para el desarrollo vital de todos sus habitantes: hombres y mujeres.

Porque cuidar del metabolismo demográfico de los municipios de menor población es un objetivo ineludible para Gipuzkoa. Y porque asegurar que nuestro medio rural ofrezca condiciones atractivas para todos sus habitantes es clave para mantener este precioso y delicado equilibrio, esencial para el conjunto de nuestro ecosistema y de nuestra sociedad. Políticas de futuro para el futuro de este gran espacio abierto que tanto queremos todos y todas.