Cartas a la Dirección

Israel, Estado terrorista

César Manzanos Bilbao. Doctor en Sociología - Domingo, 20 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Dice la canción que David, era Goliat y, efectivamente, la historia lo está confirmando. Quizás no solo estamos asistiendo al retorno al principio del judaísmo del “ojo por ojo y diente por diente”, al mantenimiento del “orden mundial” fundamentado en el principio de la imposición por la fuerza, de la venganza, de la ley del más fuerte, sino más bien estemos ya en la lógica de la exterminación de todo aquello que no acata, se somete y vive para reproducir los principios básicos de las minorías que detentan el poder.

Israel es la embajada de los intereses de las oligarquías de Estados Unidos, algunas de ellas por cierto de origen sionista. Fue quien amparó la creación del Estado de Israel tras la Segunda Guerra Mundial, quien gestiona las guerras geo-estratégicas para el control del petróleo en la zona, es ahora, quien impone su embajada en Jerusalén, quien ha impuesto e impone a Palestina la más cruel de las guerras permanentes, quien ha asesinado, encarcelado, torturado, desplazado, despojado de sus tierras y casas con total impunidad a todo un pueblo.

El actual Estado de Israel es quien ha convertido sus territorios en un auténtico campo de experimentación y aniquilación con el beneplácito, la aquiescencia y la complicidad de la autodenominada “Comunidad Internacional”, que no solo no hace nada por impedirlo sino que esconde la cabeza por miedo a que los dueños del mundo puedan desequilibrar sus economías, y poner en peligro así los procesos de acumulación de capital y de inversión financiera en otros países, como es el caso de Irán, si no se someten a sus imposiciones.

Esto no es una guerra de religiones. Esto es la imposición de una única religión secular, y la utilización de toda forma de creencias religiosas para hacer que una vez más triunfe el Dios único, el Dios del Dinero.

Y, sin embargo, la única forma de que se produzca la reconciliación entre judíos y palestinos, posiblemente ha de pasar por la abolición de la Religión del Capitalismo.

Esta lucha compartida podría ser, sin duda, la que desenmascare la verdadera esencia del actual Estado israelí como Estado guerra al servicio del sistema financiero que hoy gobierna el mundo y, convierte a los presidentes, electos o no, en fetiches suyos.