Desde la Avenida de Tolosa

La cas(t)a de Galapagar

Por Adolfo Roldán - Sábado, 19 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Los Miserables (1862) de Victor Hugo es un retrato romántico de la Europa del siglo XIX, que contrasta en la novela con el aguafuerte de pobreza y desigualdad social en el que malviven miserablemente hombres, mujeres y niños de la clase proletaria y campesina. La lucha obrera mantenida durante los dos últimos siglos no ha sido suficientemente valorada. En la España isabelina (1833-1868) los trabajadores realizaban jornadas de quince horas por sueldos de miseria que oscilaban entre los dos y cuatro reales diarios para los braceros, y de seis reales para los maestros de escuela. Pasaron de vivir en sórdidas chabolas a estar hacinados en colonias industriales en torno a la fábrica, ideadas por los patrones, para incrementar así las servidumbres. Manifestaciones, reivindicaciones, enfrentamientos, prisiones, muertes, consiguieron crear un estado de bienestar que ha sido desmontado pieza a pieza, en los últimos tiempos, por una crisis económica que como siempre golpeó principalmente a los más pobres. La fragmentación, enfrentamiento y abandono de muchos ideales por parte de los partidos de izquierda, dejaron a los sindicatos como únicos residuos de aquella combatividad obrera exhibida el siglo pasado contra una patronal despótica y el franquismo. Pero últimamente, y con honrosas excepciones, los sindicatos se han llenado de funcionarios sindicales, una burocracia de liberados ajena a aquel tajo que gestaba las reivindicaciones. La noticia de que Pablo Iglesias e Irene Montero han comprado una cas(t)a por 600.000 euros en Galapagar, zona exclusiva a 40 kilómetros de Madrid, con jardín, piscina y habitación de invitados, me entristece. Trasciende la mera noticia de la prensa rosa. Pablo e Irene pueden hacer con su dinero lo que deseen y crear su propio proyecto de vida. Pero es una paradoja que además persistan dirigir un partido de izquierda, liderar a una clase trabajadora que no llega a fin de mes, que es desahuciada y que cobra pensiones de miseria. Fueron un símbolo, pero ya son parte de la “casta”.

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