Mar de fondo

La quijada

Por Xabi. Larrañaga - Sábado, 19 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

tras encuestar a unos paisanos sobre su identidad patriótica, los sociólogos han concluido que el sentimiento local en el País Vasco ha decrecido bastante desde hace unos meses. Los muy rojigualdos han alcanzado el orgasmo al conocer el resultado. Otros Manolos sin bombo han respirado con ese alivio de quien quita el termómetro al niño y comprueba que por fin baja la fiebre. A veces parece que el maldito norte exige tesis doctorales y cascos azules, y a veces resulta que se arregla con dos copitas de un First Dates.

A mí ya ni me entretienen esos estudios donde se pregunta si uno se siente más navarro que español, menos vasco que navarro, más español que vasco, todo junto y hasta empate, que es como preguntarte cuánto me quieres a la salida del cine. Pues no sé, según cómo haya ido el día, si hace frío, si me han llamado sin tregua de Jazztel… El fondo del paisaje no cambia tan rápido, ni entre sábanas ni entre banderas. Así que sobra ese empeño en chequear corazones periféricos cada fin de semana, a ver si se nos calienta el pulso con el gol de Iniesta o la sonrisa de Amaia, si se nos enfría con la zurra catalana o el simpa de la Cifu.

Y es que el mismo profesor Bacterio que nos mide tanto la dentadura como si lo nuestro fuera un capricho primaveral, ese mismo, sí, considera lo suyo un ardor ibérico inmutable desde Atapuerca. Late la idea de que el nacionalismo ajeno, el pequeño, es un rollete de Tinder, un devaneo infantil e irresponsable, coyuntural, mientras que el propio, el grande, es un matrimonio ya bendecido por Trajano allá en Itálica. Como otros van a la peluquería, nosotros al laboratorio.