Desde la Avenida de Tolosa

Llarena espera a Godot

Por Adolfo Roldán - Jueves, 17 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Samuel Beckett (1906-1989) escribió su creación más célebre, Esperando a Godot, en cuatro meses escasos. Tras su estreno en el Théâtre de Babylone de París (1953) recibió un número similar de críticas tanto de detractores como de admiradores. Con la perspectiva del tiempo, se ha convertido en la obra más importante del experimentalismo teatral del siglo XX. Durante toda la acción, los dos protagonistas, Vladimiro y Estragón, esperan la llegada de Godot, que nunca llega. Los silencios, las contradicciones, las repeticiones, el vaudeville y el absurdo, a lo largo de los dos actos que conforman la obra, provocan una experiencia insólita que hace reflexionar a los espectadores sobre el vacío de las grandes promesas y su absurdo. Ayer la Sala del Consejo del Tribunal de Primera Instancia neerlandés de Bruselas, compartiendo la opinión de la Fiscalía belga y de las defensas, rechazó entregar a España a los exconsellers Toni Comín, Meritxell Serret y Lluís Puig. Considera que la euroorden dictada por Llarena presenta defectos de forma al faltar la orden de detención nacional, y que por tanto no cumple los requisitos necesarios para conceder la extradición. Esta decisión de la Justicia belga no es recurrible por ninguna instancia española. Es el acto final de una representación que se inició el 3 de noviembre de 2017, se suspendió el 5 de diciembre y se volvió a activar en las últimas semanas. Llarena en este tiempo ha esperado a Godot (Puigdemont y sus cuatro excosellers) inútilmente. Es evidente que la Justicia alemana, la escocesa, y la suiza habrán tomado buena nota de esta resolución, que cuenta con jurisprudencia europea por el caso Bob-Dogi en el Tribunal Europeo de Justicia. Con esta decisión de Bélgica, resulta más escandalosa la prisión preventiva de Sànchez, Cuixart, Junqueras, Forn, Forcadell, Bassa, Romeva, Rull y Turull por unos delitos que no comparte Europa. La obra de Beckett concluye con la enigmática despedida de Vladimiro: “Bueno, ¿nos vamos?”. “Sí, vámonos”, responde Estragón. (Ninguno de los dos se mueve)