3 visages

Jafar Panahi clama en Cannes por la libertad de las mujeres

El realizador, que tiene prohibido salir de Irán, transmitió su mensaje a través de los actores

Alicia García de Francisco - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

cannes - El realizador iraní Jafar Panahi tiene requisado el pasaporte y no pudo viajar a Cannes para presentar su filme 3 visages, pero su presencia no fue necesaria para lanzar su mensaje a favor de la libertad y de la igualdad para las mujeres.

Las protagonistas del filme, Behnaz Jafari y Marzieh Rezaei, la montadora, Mastaneh Mahojer, y el director de fotografía, Amin Jafari, defendieron en Cannes con pasión y con la mejor de las sonrisas el trabajo de Panahi, que compite por la Palma de Oro del festival y cuya silla permaneció vacía durante la rueda de prensa.

El equipo reconoció que han recibido muchas muestras de solidaridad, sobre todo tras el estreno oficial de la película. Incluso la actriz iraní Golshifteh Farahani -protagonista de la segunda película en competición, Les filles du soleil- mostró su apoyo a Panahi desde Cannes.

Sin embargo, Mahojer reconoció que la prohibición de salir del país y de rodar que pesa sobre Panahi hasta 2030 no puede eliminarse fácilmente. “Pero nosotros no tenemos prohibido viajar al extranjero y el filme tampoco, porque tiene identidad propia”, resaltó. Y su presencia en Cannes es suficiente para Panahi, porque a él lo que verdaderamente le importa es mostrar la película, que sea vista en el festival y en el mundo, resaltó la montadora.

La noche del sábado, tras la proyección oficial, hablaron con el realizador y le encontraron contento y lleno de energía porque el filme se pudo proyectar. “Estar él o no, no le importaba tanto”, afirmó Amin Jafari, que también precisó que ahora su objetivo es que 3 visages se estrene en Irán. El filme fue muy bien recibido en Cannes, con críticas unánimes que coinciden en destacar la sutileza con la que el director trata un tema complicado, el de las dificultades que tienen en Irán las mujeres para acceder a la educación, así como el buen trabajo de Behnaz Jafari, que se interpreta a sí misma.

Con un comienzo que descoloca -la grabación de una joven con su móvil de su propio suicidio- la película transcurre sin embargo de forma más relajada de lo que cabría esperar y se convierte también en un retrato del Irán rural y de cómo las costumbres están estancadas desde hace siglos.