Neure kabuz

“Afiliados a la esperanza”

Por Jon Azua - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

La última edición mayo-junio de la prestigiosa revista Foreign Affairs lleva a su portada una inquietante pregunta: ¿Está muriendo la democracia? Y en sus páginas interiores repasa, en el doble marco de una historia comparada y en contraste con una perspectiva de futuro, múltiples aportaciones de líderes y académicos que analizan señales, a lo ancho del mundo, en torno a una creciente corriente sinérgica de autoritarismo, centralización no controlada del poder en los diferentes ejecutivos y sus principales líderes o dirigentes representativos, la cada vez menor independencia de los medios de comunicación, la interconexión de la propaganda y falsas “verdades noveladas”, la politización y manipulación de la justicia cada vez menos independiente del poder ejecutivo, el creciente uso de las responsabilidades políticas al servicio de ganancias privadas... como señales inequívocas de una regresión democrática, generadora de múltiples incertidumbres, desconfianza y temor al futuro y una ola de “contestación masiva espontánea” que lleva a las diferentes sociedades a movilizaciones entre la denuncia y la demanda individual y/o colectiva extremas. Los optimistas señalan la capacidad histórica de resistencia y superación demostrada por el sistema a lo largo del tiempo, confiando en la superación de las dificultades desde las propias fortalezas internas de la democracia como valor supremo, mientras los pesimistas apuntan precisamente al interior del propio sistema: ausencia de voluntad política y liderazgo para transformarse y avanzar hacia nuevos escenarios superadores del caótico e insatisfactorio estado de las cosas.

Desgraciadamente, nuestra exposición mediática a las noticias diarias se ha inundado de señales negativas que parecerían surgir un mundo lleno de nubarrones y desgracias con una sensación de impotencia. Como me explicaba hace ya muchos años en Atlanta el director de informativos de la CNN, “tan solo son siete las noticias globales que pretendemos emitir a lo largo del mundo, dejando el resto a corresponsales espontáneos de ámbito local”. Sin embargo, si ante cada una de las dificultades y manifestaciones de acontecimientos desoladores o inciertos, aportamos una actitud exploradora de soluciones desde iniciativas innovadoras y transformadoras, sin duda encontraríamos la ruta de un mundo mejor y apetecible, recuperando la confianza en los liderazgos sociales deseables.

Afortunadamente, más allá de los telediarios, el mundo se mueve y con él, mucha gente que aspira a contribuir en su transformación, superando la incertidumbre y dificultades, tratando de aportar soluciones. En estos días, un reciente informe de la red de expertos globales del World Economic Forum, se preguntaba sobre los vectores de mayor impacto en la transformación de nuestro incierto mundo, aportando una interesante aproximación, destacando algo tan esperable como “la habilidad para trabajar de forma colectiva y colaborativa hacia la identificación de una visión compartida para el logro de un futuro sostenible”. Base sobre la que trabajar en la generación y recuperación de credibilidad y confianza en el rol ordinario de los ciudadanos, a la búsqueda del adecuado nuevo balance y equilibrio de poder, renta, riqueza y participación de las personas, los países y naciones en un nuevo orden mundial por reescribir.

En este sentido, por ejemplo, lejos de un debate limitado a la indexación de las pensiones, las reformas necesarias demandan nuevos escenarios, nuevas apuestas y sistemas intergeneracionales para su sostenibilidad solidaria. Así, apelar -en España- al Pacto de Toledo como receta mágica sin profundizar en las medidas de potencial mejora y reforma no supone solución alguna. Ya en artículos anteriores, en referencia a análisis en el seno de la OCDE y de la UE, diferentes informes destacan que uno de los problemas relevantes de pago y reformas de cuantías, capacidad de pago y reformas a futuro, es que sus cálculos y definiciones obedecen más a la coyuntura económica que a proyecciones realistas, análisis demográficos, escenarios de desarrollo y empleabilidad y arquitectura fiscal y presupuestaria ad hoc, ajustada a poblaciones objetivas concretas.

Y, una vez más, el recurso al PIB relativo y las medidas estadísticas disponibles, lejos de estimaciones e indicadores, de mayor complejidad, pero más realistas y representativos de la realidad, provoca más problemas que soluciones, aumentando la sensación de incertidumbre y malestar o insatisfacción con el sistema. Con ocasión del último 1 de mayo y presionados por las “movilizaciones espontáneas no sindicalizadas en favor de un nuevo régimen de pensiones”, los líderes sindicales de UGT y CCOO se enredaban en una tertulia telefónica sobre el peso del gasto en pensiones, respecto de su PIB correspondiente, en diferentes países de la UE y en el Estado español. Su aritmética mágica los llevaba a la solución simplista y paralizante del debate en torno a un porcentaje, asignable en los presupuestos públicos, con el único condicionante, decían, de la voluntad e ideología de quien gobierna. Ante este reclamo, releía el trabajo publicado hace un par de meses, bajo la dirección de Olivier Sterck, economista de la Universidad de Oxford, sobre los resultados y desenlaces en salud y correspondiente asignación de recursos en 99 países. Lejos de la aproximación simplista del gasto en tanto por ciento del PIB, el estudio riguroso de los determinantes de la salud, más allá de la renta y riqueza de la población a partir de un mínimo concreto, el contexto epidemiológico, el gap de la pobreza, las condiciones educativas y sociosanitarias previas, la nutrición, el acceso al agua, saneamiento, higiene, o la capacidad institucional y sus modelos y sistemas/organizaciones de salud, resultan tanto mejores predictores como indicadores de la salud de la población. Añadiríamos, para facilitar la imagen adecuada, que EEUU es el país, con gran diferencia, que mayor porcentaje de su PIB dedica al gasto en salud y su resultado es un pésimo sistema de salud al que más de cuarenta millones de personas carecen del acceso.

Volvamos a la esperanza tras dos noticias positivas. Por fin, ETA se ha disuelto. Concluye su doloroso y equívoco trayecto. Se acaban las tutelas y excusas y se abre una nueva oportunidad para la pacificación y normalización de nuestro país, se abre una nueva ventana para la convivencia y un nuevo espacio de madurez democrática para el autogobierno, para nuevos modelos de relación con y entre la totalidad de los territorios vascos a ambos lados de la muga, con España, Francia y Europa. Es la voz democrática de la sociedad vasca la que habrá de determinar, en cada momento, los pasos que quiera dar. A la vez, a miles de kilómetros de distancia, la Cumbre de Panwunjom de Moon-Kim supone un abrazo hacia el milagro de la paz en un camino de voluntades y promesas para evitar que la península coreana vuelva a conocer la guerra. Dos hechos relevantes, distantes y distintos que permiten devolver la esperanza y creer en la superación de dificultades y en futuros prometedores por muy complejos que parezcan. Es momento de afiliarnos a la esperanza y movilizar nuestras voluntades para revitalizar la democracia y asumir nuestro limitado compromiso intergeneracional.

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