María Jesús Patiño cartera

“Las cartas de puño y letra que la gente recibía con tanta alegría prácticamente han desaparecido”

Mantiene vivo el recuerdo de aquella mujer “poseída” que bajó siete escaleras tras ella amenazándola de muerte con unas tijeras. El motivo, entregar en mano una multa a su hijo. “Afortunadamente aquella época ha quedado atrás”

Jorge Napal Iker Azurmendi - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - Dos décadas de trabajo ininterrumpido como cartera le han convertido en una mujer muy popular en el barrio de Amara berri de Donostia. No hay más que acompañar unos minutos a María Jesús Patiño para comprobar el estrecho vínculo que mantiene con los vecinos. Además de sus nombres, es capaz de recordar hasta el DNI de algunos de ellos. “No cambio este trabajo por nada. Estoy encantadísima. Venir a gusto a diario no tiene precio”, confiesa esta profesional que reparte medio millar de cartas cada mañana.

Le conoce todo el mundo...

-Sí, son ya muchos años de oficio y, de hecho, suelo hacer entregas en la misma calle. Me paran a todas horas, incluso para pedirme permiso para aparcar.

¿Y eso?

-Es que tienden a confundir mi indumentaria con la de un agente de la OTA (sonríe). En el barrio soy una más. Me he llegado a conocer los nombres de los vecinos de 57 portales. Son cinco plantas, así que cada uno puede hacer sus cuentas.

Ejercita la memoria a base de bien...

-Sí, al entregar tanto certificado he llegado a memorizar hasta los DNI... Vas por la calle y esto es como un pueblo. Te encuentras con la hija de no se quién, la madre de tal... Conozco a mucha más gente que en Errenteria, donde vivo.

Parece nadar a contracorriente en estos tiempos de relaciones virtuales...

-Estoy encantada precisamente por eso, por el contacto personal. Me gusta relacionarme con la gente, y los vecinos lo agradecen mucho, aunque es verdad que ya no es lo de antes.

¿A qué se refiere?

-En otras épocas había, por ejemplo, cantidad de propinas. Llegaba Navidad y podías sacarte casi otro sueldo a cuenta de los aguinaldos. Ahora todo eso ha cambiado. De vez en cuando te pueden dar dos euros para un café, pero no tiene nada que ver con lo de antes.

¿Qué lleva ahora mismo en el carro? Cartas no habrá muchas...

-Después de veinte años de trabajo, la verdad es que el reparto de cartas se ha reducido mucho. Las escritas de puño y letra que la gente recibía con tanta alegría prácticamente han desaparecido. Continuamos con las de los bancos y las institucionales como ayuntamientos y Diputación. Pero ahora casi todo es paquetería, se mueve muchísima. Sobre todo triunfa Amazon a través de la compra on-line.

¿Estos nuevos productos han supuesto incorporar nuevos clientes?

-Claro. Antes llevabas una carta y la gente te abría las puertas de su domicilio de par en par. Te acogían con mucha alegría. De ahí se pasó a otra etapa en la que no había más que multas. Se entregaban muchas sanciones. Llamabas por el portero, decías que había un certificado y la gente temblaba, por lo que durante una época dejaron de recibirnos tan bien. Ahora hemos vuelto a percibir buena acogida con la paquetería y la verdad es que los vecinos esperan los envíos como agua de mayo. No llevar malas noticias se nota muchísimo.

¿Ha pasado por algún mal trago?

-La peor situación que me ha tocado vivir ocurrió hace ya tiempo. Fue con la entrega de una multa del Ayuntamiento. Se trataba de una sanción para el hijo de la mujer que me abrió la puerta. La señora que me recibió me dijo que esperara un momento, que iba a por un boli. Poco después salió con unas tijeras enormes, como las que se utilizan para cortar el pescado, y bajó detrás mío siete pisos. No me dio tiempo ni de abrir la boca. Bajaba las escaleras y me decía que me iba a matar. Aquella mujer estaba poseída. Yo gritaba:¡Socorro, socorro!, pero nadie salía de su casa. Todavía me acuerdo del nombre del hijo, se llamaba David.

¿Se ha llevado más sorpresas al llamar a la puerta de los domicilios?

-En otra ocasión una mujer me agarró del cuello por tocar el timbre. Era un primero, bajó y me enganchó. Me quería ahogar. He tenido otros sustos con perros que de repente salen y te saltan encima, pero bueno, estos son los únicos capítulos negativos de una vida laboral plagada de satisfacciones. La gente es muy agradable. Había una señora que me hacía flanes todos los días. Los vecinos me tratan con mucho cariño y, como decía antes, me he convertido en una más del barrio. Se hacen muy buenas relaciones.

Por cierto, ¿había mujeres carteras cuando se inició en la profesión?

-Sí, muchas. De hecho, ahora somos más mujeres que hombres las que estamos todos los días tirando del carro. Por cierto, en eso también ha habido cambios. Muy al principio se utilizaba una maleta de cuero para el reparto. Luego comenzó a usarse el carro, pero ha ido evolucionando de tal modo que de las dos ruedas se ha pasado a cuatro. Tirar de él hacia adelante y desplazar el peso es ahora mucho más cómodo.

¿Qué reparto hace en una mañana como hoy?

-Puedo repartir unos 30 paquetes, más de 400 cartas y en torno a 200 impresos, entre propaganda y periódicos.

¿Qué tal se arregla con la PDA?

-Es un avance comodísimo. Cuando empecé apuntábamos todo en un librito: el nombre, la dirección, el certificado... Luego pasamos a hojas de reparto, las imprimíamos en el ordenador y salía todo detallado. Ahora con la PDA quedan todas las entregas registradas. El sistema está avanzando mucho. Cada vez hay más cajeros y oficinas para que la gente pueda hacer sus gestiones de envíos. Ya están muy implantados servicios como CityPaq, que permiten recibir y enviar tus paquetes cuando quieras. Es un dispositivo de uso frecuente en estaciones de tren y metro, supermercados y centros comerciales, en el trabajo, en gasolineras y estaciones de servicio e incluso en tu portal.

¿Las oficinas de Correos actuales pasarán a la historia?

-Bueno, podemos decir que van a dejar de ser el servicio al uso que siempre hemos conocido para convertirse en tiendas en las que se vende de todo, desde libros a móviles. Es un proceso de expansión que ha comenzado en las grandes ciudades y que se va a ir implantando poco a poco.

Están presentes hoy en día hasta en el Camino de Santiago...

-Sí, Correos se ha convertido en un compañero de viaje para los peregrinos, atendiendo las necesidades que van surgiendo en las etapas y llevando las mochilas a los caminantes donde sea preciso.