Cartas a la Dirección

La Real femenina en Anoeta

Sebas Martija Patético Albert Rivera Manu Aramburu - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Hoy el equipo femenino de la Real Sociedad va a jugar el primer partido de su historia en Anoeta. Quizás la alegría que produce este hecho entre la gente del fútbol femenino guipuzcoano sólo se pueda equiparar a la que sentimos cuando en febrero del año 2004 Roberto Olabe nos comunicó a todos los involucrados en este proceso, que la Real entraba en el fútbol femenino.

Es el momento de acordarse de tanta gente que dio lo mejor de sí misma para que la Real diese ese paso hace 14 años, entre ellos a los clubes que cedieron sus mejores jugadoras sin pedir nada a cambio, descendiendo algunos de categoría por algo que beneficiaba al fútbol femenino.

Y qué decir de las jugadoras, muchas de ellas internacionales y habituales de la selección de Euskadi, que tuvieron que bajar de categoría para empezar desde la regional y llegar en dos años a la Superliga.

El invisible fútbol femenino de hace 14 años se vuelve de primera plana de todos los medios al jugar su primer partido en Anoeta. Esperemos que los aficionados guipuzcoanos sepan apreciar tantos años de trabajo y rindan su homenaje al equipo, acudiendo en masa al campo. Nuestras chicas se lo merecen.

El caballero de la triste figura. El hombre que entró en política como un elefante en una cacharrería, pero más peligroso en su particular antología del disparate que un mono con dos bombas de mano. Su primera gran aportación intelectual recién llegado fue aseverar y dogmatizar que el Concierto Económico era un privilegio absolutamente desaforado. ¿Cómo no hubo alguien en su partido, Ciudadanos, que le explicara a este neófito, que su denostado Concierto surgió tras la abolición foral como contribución de las provincias vascas a las finanzas del Reino de España, a la vez que confería a las respectivas diputaciones forales el poder de recaudar sus propios impuestos, para de esta forma hacer frente a sus propios gastos y a los del Estado a través del Cupo y todo ello, dicho sea de paso, reconocido por la disposición adicional primera de la Constitución de 1978? Estos días, y a cuenta del problema catalán, nos ha vuelto a sorprender con un término que quien esto suscribe no escuchaba desde los tiempos del franquismo y normalmente en boca de los diferentes ministros de la Gobernación. A todos aquéllos a los que el españolito de a pie califica de independentistas o soberanistas, él los refiere con el tétrico “separatistas”. Colofón: lo peor del caso es que las encuestas le sitúan cada vez más cerca del poder. ¡Horror, terror y pavor!

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