El máster de Ismael Serrano

Carlos Marcos - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Dice Ismael Serrano que sus seguidores, como los de tantos otros cantautores, tienen la tentación de pensar que sus primeros discos son mejores que todos los que vienen detrás. Y que no es verdad, que somos nosotros que añoramos lo que éramos cuando escuchábamos esas canciones. En el Kursaal nos dimos cita el viernes una legión de parroquianos dispuestos a recordar con él lo que éramos hace 20 años cuando sonaban aquellas primeras canciones que tan buenas nos siguen pareciendo y tantas otras que han venido llegando después y algunas han arraigado en el alma, la verdad. Y quedó claro que los familiares y amigos hemos envejecido, que vale, pero también se han incorporado a la aventura otros más jóvenes y con más sueños, y entre todos no quedaba un asiento libre en el cubo grande, la casa donostiarra de Ismael desde hace muchos años. Atrás quedan aquellos primeros tiempos en los que íbamos a escucharle a la casa de cultura de Lasarte y se sorprendía cuando le preguntabas si era una cura de humildad porque Ismael ya entonces, con dos discos editados quizás tres, era ya un grande, pero me temo que fue él quien más tardó en darse cuenta.

Como estamos en familia y hay confianza, que han pasado 20 años oiga, Ismael Serrano nos recibe en un desván repleto de recuerdos para replicar su disco-dvd con las mismas canciones y el mismo orden salvo alguna cosa, que decía aquel. La primera, ese “Eskerrik asko” con el que agradece los primeros aplausos. Y luego las canciones, empieza con Ven y su versión de Las cuatro y diez de Aute, sigue con Últimamente y conSucede que a vecesque recolecta las primeras palmas de un público entregado al ritmo que marca la guitarra y la banda de músicos, compañeros de largo tiempo, muchos, que acompaña a Ismael en esta gira y que alguien ha querido colocar sobre el tejado del desván rodeado de estrellas junto a una enorme Luna llena, como si ellos fueran sus ángeles. Enormes.

Primer cambio sobre el concierto grabado en el disco-dvd, Absoluto ocupa el lugar de Spaguetti del rock(el tema de Divididos) y continúa el camino marcado por Pequeña criatura, porque nos faltan caricias y abrazos, Cien días, Te vas, No estarás sola... Y la gente tararea, y él hace un guiño, “qué subidón”, y le cantan los coros y se detiene otras tantas veces para escuchar a su público recitar al dedillo sus letras y los focos juguetones miran al patio de butacas y van iluminando a cada uno de los que está allí, a ratos, que tampoco hay que crecerse, que estamos celebrando el cumpleaños de Ismael y sus dos décadas en los escenarios. “Y no tengo ningún máster”, apostilla.

Da igual que el diálogo con una rosa (con la voz de Rozalén) que le da pie a defenderse de casi todos los tópicos asociados a los cantautores ya nos lo sepamos del dvd;también los chistes y volvemos a reír y hasta el decorado del escenario, digno de una obra de teatro, que ha introducido varios cambios, a mejor, desde que lo vimos por primera vez en octubre. Así que tras cantar Ojaláde Silvio Rodríguez, suena Insurrección de El último de la fila en lugar de un tema propio, Luces errantes, y pasa a La extraña pareja, el tema más celebrado en lo que llevamos de concierto, y eso que ha quedado fuera del disco aniversario.

Todo cambia, el tema que popularizó Mercedes Sosa, nos devuelve a nuestro presente, para aceptar nuestros cambios que no tienen que ser malos, nos consuela con la boca pequeña mientras habla del pelo perdido y el peso ganado, y el jolgorio se convierte repentinamente en silencio y lágrimas.

Quizás más de uno se sorprendiera ayer por ver a un cantautor de esos que llaman tristes poniendo a bailar un Kursaal repleto en esos temas que han cambiado el tempo, pero cuando de verdad Ismael Serrano vuelve a ser Ismael Serrano es cuando agazapado tras su guitarra anuda las gargantas de los presentes y no se oye un murmullo, un estornudo, una tos. Así que lo aprovecha para interpretar Si se callase el ruido, aquel tema que bautizó en Donostia cuando esta ciudad daba inicio a sus giras y no se quedaba meses en lista de espera aguardando su llegada. Y suena Recuerdo, La llamada, Ya ves… Es el tiempo de Nieve, uno de los más deliciosos temas inéditos del recopilatorio aniversario y cae nieve de mentirijillas en el Kursaal, que se nos antoja de verdad cuando en el siguiente cambio de guitarra aparece el tipo que la trae vestido con bufanda y gorro polar.

galán de escena Pasa la noche veloz. Y sin embargo queda tiempo para otro homenaje, a Joaquín Sabina. Más risas, más aplausos, más humor. “No se vaya, luego será mejor”, espeta a una mujer que se marcha, quizás en busca de un baño. A la vuelta, otra confesión burlona: “Se ha perdido lo mejor, hace un rato estábamos todos en pelotas”.

Tan aprendido tiene su nuevo papel de galán de escena que a Ismael se le nota cómodo moviéndose sobre las tablas, vestido de pincel, haciendo trucos de magia (una escalera que sale de un maletín, una lluvia de papeles que irradia de la palma de su mano) pero se le nota sobre todo en esa pose de brazos abiertos recibiendo el cariño de su público, al que mira constantemente como si buscara retratarse en ellos para ver qué imagen le devuelve este espejo colectivo tan certero.

Y llega el momento grande, la versión aniversario, sinfónica habría que añadir, de Papá cuéntame otra vez, el principio de todo que va marcando el final del concierto, en el que desliza el nombre de Siria junto a Vietnam y Bosnia y que nos recuerda que han pasado 50 años desde aquel “cuento tan bonito” de mayo del 68. Y ahí están emocionados algunos de los que lo vivieron, en el patio de butacas. Mezclados con los de 40, la generación de Ismael, esos hombres y mujeres que hicieron también lo que pudieron por cambiar su relato, cuenta poniendo el verbo en pasado como si ya hubieran pasado página. Y con los de 20, “protagonistas de una situación de emergencia que les conduce a la precarización más absoluta”, añade. De ellos sí habla en presente y hasta en futuro. Qué tendrá Ismael para ser la voz de tantas generaciones.

Ahora que te encuentro, su último tema antes de la despedida nos ayuda a reencontrarnos con quienes éramos al sentarnos en la butaca dos horas y media antes. Pero los aplausos insistentes obligan al cantautor madrileño a volver al escenario e interpreta Agua y aceite (tema compuesto por su padre, que hoy dedica a los combativos jubilados), aunque el entusiasmo se dispara con Vine del norte, donde todos gritan con inusitada fuerza aquello de “¡¡¡asesinos!!!”. Pero no hay despedida de Serrano sin Ana, uno de los temas que más le piden en los bises de los conciertos, y regresa por segunda vez entre una salva de aplausos, ya solo a la guitarra, para interpretarla y, tras ella, “que ya tendrá cinco hijos”, arropado de nuevo por la orquesta, aquel chaval de guitarra al hombro que cantaba solo por los bares de Madrid, convertido hoy en un señor de la canción (y no solo por los años pasados), pone el broche final a tres horas de concierto con un tema tan bien traído que hasta le sirve de moraleja: Todo empieza y todo acaba en ti.