Regalo de Despedida

La Real gana a un correoso Leganés, que igualó un 2-0, gracias a un penalti inexistente, en una tarde de emociones por las despedidas de Prieto y Txarly

Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Como cantaba Keane, This is the las time (Esta es la última vez). Y lo que en realidad sucedió no se puede considerar cualquier cosa. Uno sueña con vestir la camiseta txuri-urdin una vez en su vida. Imagínense lo que debe suponer que tu despedida tantos años después condicione o eclipse un encuentro del primer equipo realista. La pera. Los méritos que debes haber acumulado para lograr algo así. Héroes de carne y hueso. Reconocibles, queridos y terrenales. Carlos Martínez y Xabi Prieto, cuanta gloria y reconocimiento dejan atrás. Nunca os olvidaremos. Y como no podía ser de otra manera, son el punto de partida de cualquier crónica que se precie de un encuentro intrascendente para la clasificación y salpicado de curvas emocionales como el de ayer.

La Real se impuso por 3-2 al Leganés en un encuentro que tuvo casi sentenciado y que se le complicó por ser incapaz de mantener la tensión de un encuentro de Liga. Como es lógico, los pepineros ya habían hecho mucho más de lo que cabía esperar de ellos con la concesión de no jugar de blanquiazul y, como debe ser, compitió hasta el final para lograr los tres puntos, que, durante demasiados minutos, olvidamos que estaban en juego. Un penaltito, de esos que tanto nos molestan cuando nos los señalan en partidos trascendentales, desniveló un partido que se le había torcido a los donostiarras hasta el punto de amenazar con sabotear el homenaje a sus dos leyendas. Normal las quejas madrileñas, que no tenían intención de ejercer de comparsas de la fiesta.

La victoria fue la cuarta consecutiva que logran los txuri-urdin en Anoeta. Concretamente, desde que Imanol asumiera la dirección del primer equipo. Viendo cómo ha rendido el plantel desde su llegada, menudo disparate tan grande ha sido retrasar el relevo en el banquillo cuando la afición pedía a gritos y casi por compasión que se acabara una época con unos momentos excelsos pero que terminó convirtiéndose en un calvario. Eusebio ya tiene un hueco en la historia realista tras la brillante sexta posición del curso pasado, pero su problema es que tuvo una idea muy buena. Pero solo fue una. Para dirigir a un conjunto de elite hay que tener una gama mucho más variada. Una pena. Pero a Imanol hay que elogiarle que ha sabido protagonizar y guiar una transformación hacia unas señas de identidad mucho más reconocibles en la vida de la Real, apelando más a la garra y a la competitividad que a la especulación y a otros modelos de fútbol más propios de una factoría como la del Barça que poco o nada tiene que ver con la nuestra y cuyo único parentesco con la nuestra es que le hubiese encantado llevarse a Xabi Prieto y a los mejores realistas de cada año.

El relevo generacional ya está aquí. Nada será igual. Pero la vida sigue. Y la Real también. No será por falta de calidad en el plantel ni por los recursos tanto en la cantera como económicos para apuntalar la plantilla. Txarly y Prieto lo saben. Llegarán otros como ellos y, quizá no tanto, pero seguro que engrandecerán la leyenda del escudo. La mejor demostración es que ayer, casi sin apretar el acelerador, con apenas dos chispazos, se pusieron 2-0 ante un adversario que ha sido semifinalista de Copa y que no ha pasado ningún apuro para mantener la categoría. Incluso soñó con Europa, como la Real. Otro dato para destacar en una deprimente temporada: la Real ha ganado en casa siete de sus últimos ocho choques. El único que se le escapó fue el del Getafe, que prendió definitivamente la mecha de lo que ya era ineludible. Cuanto tiempo y talento desaprovechado.

El encuentro no tuvo demasiada historia. Una pena que los blanquizales no lograran mantener el 2-0 con el que se pusieron más tiempo, porque esa ventaja era precisamente lo que les hubiera permitido disfrutar de más minutos en el campo a Prieto y Txarly. Pero también es verdad que era una tarde en la que se hacía complicado gobernar las emociones, no solo en la grada, ávida de esperar a sus dos ídolos en el ocaso de su carrera, sino también en los que estaban en el campo.

Imanol sorprendió al dar entrada a Rulli en el once más esperado, en lo que parece su último intento a la desesperada de coger el tren para ir al Mundial. Nadie puede discutir que Moyá se encuentra a otro nivel, como acreditó en Sevilla, por lo que su suplencia solo tiene la explicación de circunstancias especiales. En el primer acercamiento, una buena apertura de Pardo a Odriozola la culminó Juanmi de cabeza fuera. Poco más tuvo que aplicarse la Real en ataque para adelantarse, ya que, en su siguiente ocasión, Navas leyó bien el desmarque de Juanmi, quien controló a la perfección para disparar cruzado y el rechace de la parada de Champagne lo mandó a las redes Oyarzabal, que, curiosamente, pasaba por ahí. El que no metía goles ya lleva doce en la Liga. Y si hereda el 10 y quiere seguir el ejemplo de Prieto, podrá marcar los que quiera. Pocos minutos después, en la jugada del partido, una combinación perfecta entre Pardo, Willian, Juanmi, y de nuevo el brasileño, en modo asistente, fue culminada por Canales con un buen disparo cruzado. El cántabro sigue sin desvelar su futuro, pese a jugarlo todo en este tramo final, en un ejercicio de irresponsabilidad y poca sinceridad. Parece que la afición txuri-urdin, esa que tanto dice respetar, merece un tratamiento más cercano y cariñoso. La pena fue que en la acción posterior, Odriozola se despistó en un pase atrás, Guerrero recortó a Navas y su disparó lo salvó a lo McGyver Kevin, quien no pudo hacer nada cuando el delantero sirvió el tanto en bandeja a Rico. Poco que reprochar al lateral, puesto que en realidad es su único error grave de la temporada después de haberlo jugado todo. Antes del descanso, la única acción reseñable fue una pared entre Kevin y Willian que el primero disparó desviado.

En la reanudación, después de otra opción del lateral de Baiona que rozó el palo, la Real levantó el pie del acelerador y se encontró con el empate de Guerrero, en una acción mal defendida por Odriozola, que llegó tarde, y Moreno, que se presentó al centro blando. A partir de ahí, dio la sensación de que el Leganés aceleró en busca de la victoria y que la Real no era capaz de reenchufarse al duelo. Rulli tuvo que salvar una oportunidad clara de los pepineros en un centro que se envenenó tras peinar Moreno.

Con la entrada de Zurutuza, la Real fue retomando el control sin generar excesivo peligro. Un robo marca de la casa con centro de Illarra acabó en el discutido penalti de Bustinza sobre Juanmi, que había logrado incluso rematar a puerta. La diana casi finiquitó el choque, ya que a partir de ahí salieron los homenajeados, que no estaban para demasiados trotes, y el Leganés no consiguió encontrar de nuevo el camino a la portería de Rulli. Oyarzabal dispuso de la sentencia tras otra asistencia de, cómo no, Willian, pero Champagne se hizo grande y rechazó su disparo. El único susto visitante arribó en un resbalón de Navas tras una peligrosa cesión de Oyarzabal que estuvo a punto de acabar en accidente de no mediar una buena salida a lo suicida del argentino, que estuvo cerca de cometer penalti.

Se acabó. Anoeta ya no volverá a disfrutar con la garra de Txarly ni con el frac de Prieto. El hueco que dejan se antoja difícil de cubrir a corto plazo, pero, aún limpiándonos las lágrimas por el dolor de la despedida, es bueno echar la vista atrás y recordar que la Real siempre sale adelante. Que su historia es cíclica. Que no será un clon de ninguno de ellos el que aparezca en los próximos años, aunque seguro que ofrecerá un rendimiento parecido. Que los que vengan de casa deben tener grabado a fuego que su misión es luchar por un título para vengar lo único que les ha faltado a dos superhéroes en blanco y azul. Se lo deben. Merecen celebrarlo con nosotros en la grada, porque ellos fueron los que pusieron la primera piedra para volver a ser grandes. Así, con tanta emoción y la piel de gallina, con escalofríos recorriendo tu cuerpo mientras contienes el sollozo, solo se despiden los más grandes. Eskerrik asko por darnos todo, Xabi y Txarly.