Ángel Toña exconsejero de empleo y políticas sociales del Gobierno vasco

“No sé por qué salí del Gobierno, pero no tengo ningún reproche”

Ángel Toña fue la apuesta de Iñigo Urkullu para atraer a ELA y LAB a posiciones más conciliadoras. No lo consiguió, pero no lo siente como un fracaso: “No dependía de mí”

Una entrevista de Adrián Legasa Fotografía Borja Guerrero - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - En el año y medio que ha transcurrido desde que dejó el cargo de consejero de Empleo, Ángel Toña (Ondarroa, 1952) se ha pronunciado públicamente en ocasiones contadas. Esta semana ha aceptado la invitación de este periódico para valorar su paso por el Gobierno Vasco, donde accedió como independiente y dejó fama de político poco convencional.

¿A qué se dedica ahora?

-A lo que me dedicaba antes. Algunas personas creen que los políticos cuando dejan la política se suben a un ascensor social a mejorar y, por lo menos en Euskadi, no es así. Recibí un mes de salario que me sirvió para retomar mi vida y volver a trabajar de consultor y dando clase en la Universidad de Deusto. Además, estoy trabajando para Eusko Ikaskuntza de cara al Congreso del centenario, que va a tratar el modelo de desarrollo socioeconómico. Vamos a trabajar sobre una visión de la Euskal Herria del siglo XXI que queremos. Le estoy dedicando mucho tiempo.

¿Con qué balance se queda de esos casi dos años en el Gobierno?

-He tenido suerte en la vida. Fueron dos años muy importantes. Yo era, y sigo siendo, una persona independiente políticamente y no esperaba que el lehendakari me llamara. Trabajé con ilusión y el balance personal es muy positivo. Di todo lo que pude dar y recibí más de lo que di. Quizás se pusieron expectativas en mí que no cumplí, pero eso no dependía de mí.

Entiendo que se refiere a implicar a ELA y LAB en el diálogo social.

-No lo sé. Esa expectativa estaba muy por encima de mis posibilidades. Con independencia de las empatías y de mi orientación, que nunca he ocultado, hacia los intereses de los trabajadores y sus sindicatos, también de ELA y LAB, la estrategia y orientación de un sindicato no dependen de que haya un consejero u otro.

¿Lo sintió como un fracaso?

-No, simplemente como una constatación. Con ELA fui consciente desde el principio de que esa cuestión no estaba a mi alcance. LAB ha basculado en sus decisiones de participar en los foros institucionales. En ocasiones tuve alguna ilusión de conseguir que LAB entrase, pero no fue posible.

‘Txiki’ Muñoz llegó a decir, con usted de consejero, que las relaciones entre ELA y Lakua eran las peores de la historia. ¿Le dolió?

-Sí y no. Había mantenido, ojalá las recupere, buenas relaciones con él, pero lo entendía en el marco de actuación de cada cual. No se trata de algo personal. Es cierto que nunca había habido tanta dureza de un sindicato contra un consejero, en este caso con un consejero que había mantenido buenas relaciones con mucha gente de ELA, y creo que las sigo teniendo. Pero hay que saber diferenciar bien entre la persona y el cargo.

¿Cómo valora el discurso de ELA?

-Podemos coincidir en los diagnósticos, pero no en cómo abordar las situaciones. Muchas veces tenemos motivos para decir que esto está mal, pero hacen falta instrumentos reales para cambiarlo. Claro que el mundo laboral está dualizado y parte de nuestros ciudadanos tienen dificultades y relaciones laborales precarias. Claro que hay colectivos que no tienen asegurada su estabilidad y su inclusión social. Ese diagnóstico lo comparto con los sindicatos y con muchas organizaciones del tercer sector, también con el Gobierno. Pero la política trata de hacer posible lo que podemos, que no es todo lo que queremos.

¿Tampoco un consejero puede cambiar las cosas?

-No, qué más quisiéramos. Ni el lehendakari. Todo forma parte de algo más grande. En el mundo del trabajo, de conformar una cierta cohesión de tres discursos: el empresarial, el sindical y el del Gobierno. Y un cuarto, el mundo que nos rodea. El Gobierno no puede ser un espectador imparcial, tiene que promover la concertación, pero si la mayoría sindical y las asociaciones empresariales tienen rota la relación, el Gobierno apenas tiene margen de maniobra.

Usted sí logró un acuerdo relevante en Lanbide, y así se lo reconocieron los sindicatos. ¿Hasta qué punto tenía las manos atadas por el déficit y el techo de gasto?

-Conseguimos el acuerdo de Lanbide, sí, gracias a CCOO, UGT y LAB. El Gobierno Vasco tiene reglas de gobernanza que se toma en serio. Es duro, pero tenemos que ser rigurosos con nosotros mismos si queremos ser creíbles. No se puede gastar lo que no se tiene. En esa época teníamos muchos frentes abiertos: Función Pública, Educación, Osakidetza, Ertzaintza... y Lanbide. A todos no se podía atender. El esfuerzo presupuestario en Lanbide era inferior y pudimos lograrlo. Creo sinceramente que los funcionarios públicos no están maltratados.

¿Por qué no siguió de consejero?

-No tengo respuesta a eso.

¿Pero optó usted por no seguir o fue decisión del lehendakari?

-Estas cosas son siempre decisión del lehendakari. Así debe ser.

¿Hubiera seguido?

-Sí. Si me lo hubiera pedido el lehendakari, sí. Lo digo con sinceridad. No sé bien por qué entré y tampoco por qué salí. Me basta con tener el convencimiento de que respondí a una demanda con mis posibilidades. Entiendo que es el juego de la política y que el lehendakari tiene que tener en cuenta muchos factores. Mantengo una relación exquisita con el lehendakari y con los miembros del Gobierno con los que estuve, no tengo ningún reproche. Al Gobierno fui a servir, no a sacar provecho para mí.

Su mandato comenzó de manera polémica al hacerse pública su inhabilitación temporal como administrador concursal.

-El día siguiente de la toma de posesión, en el que Gara publicó la noticia de mi inhabilitación, fue un muy mal día para el Gobierno. Quizá el peor de la legislatura. Aunque había hecho lo que creía que tenía que hacer, puse mi cargo a disposición del lehendakari, no hubiera entendido otra manera de proceder. Luego la debilidad se convirtió en una fortaleza. La reacción de los sindicatos, empezando por LAB, ayudó a situar la situación en su contexto. Pero repito, entiendo que estas cosas influyen y dejan surco. Hubiese entendido un cese inmediato.

También sorprendió su buena relación con la entonces secretaria general de LAB, Ainhoa Etxaide.

-En el acto de despedida de Ainhoa, con sus militantes y liberados más cercanos de LAB, estuvimos tres personas de fuera de la organización y una fui yo. No lo tengo para olvidar.

¿Cómo ve a LAB ahora?

-El Primero de Mayo EH Bildu estuvo en las manifestaciones de los cuatro sindicatos. Me gustó poder escuchar de un responsable de Bildu que aquello se debía a un proceso de reflexión para ofrecer un proyecto de país que integre a todos los trabajadores. Lo digo porque creo que hay que recomponer la negociación colectiva sectorial. En esa batalla ha llevado la bandera CCOO, acompañado por UGT. LAB ha tenido zozobras. Me alegraría que todos los sindicatos, también ELA, apoyaran más claramente los acuerdos sectoriales, esenciales para la protección de los trabajadores de las pequeñas empresas.

¿Se romperá la alianza ELA-LAB?

-Parecía que LAB había llegado a un punto de encuentro muy grande con ELA y ahora vuelve a haber distancia. No me entrometo en la estrategia sindical, pero creo que fortalecer la negociacion sectorial es bueno para todos. También es necesario que las asociaciones empresariales estén dispuestas a apostar por esa negociación, cosa de la que uno tiene dudas. En el metal de Bizkaia haría falta un esfuerzo adicional de los empresarios para hacer posible que LAB pueda sumarse a un acuerdo de eficacia general.

¿Cómo era su relación con la patronal?

-Entiendo que correcta. No puedo negar a estas alturas que Ángel Toña es una persona que es identificada con los intereses de los trabajadores. No reniego de eso. Pero eso no supone tener malas relaciones con los empresarios, al contrario. En las relaciones laborales puede haber controversias, eso los empresarios lo tienen que ver como es. Pero empresarios y trabajadores tienen un interés común, la supervivencia de la empresa.

El acuerdo interprofesional de enero de 2017 abrió la puerta a una mejoría de las relaciones laborales.

-El acuerdo de enero de 2017 estaba recogido en los acuerdos de la mesa de diálogo social que firmamos el 22 de julio de 2016. Lo que no gustó a ELA y LAB fue dar publicación en el boletín de los acuerdos de eficacia limitada, pero ahí ya recogíamos el fortalecimiento del ámbito vasco de negociación. El acuerdo, por otro lado, ha quedado casi vacío de contenido porque después se han firmado muy pocos convenios.

¿Ha sido un error del Gobierno Vasco firmar el acuerdo de empleo solo con Confebask?

-Ya lo reconoció el lehendakari. Es de valorar su sinceridad. El derecho a equivocarnos nos asiste a todos, a los que tomamos decisiones. Los que siempre se quedan al margen solo cometen una gran equivocación, la más importante, que es no hacer nada. Hay que corregir cómo se hizo ese acuerdo, y la manera la tienen que trabajar las partes implicadas.

¿Está escorado el Gobierno Vasco hacia la patronal?

-Los empresarios se han hecho fuertes con las reformas, esto ha escorado la práctica negocial y ha hecho olvidar la negociación colectiva. En ocasiones han podido virar su mirada hacia quien les ha ayudado en los momentos de crisis. Los gobiernos de cualquier país tienen que cuidar a sus empresas y a sus accionistas. Sin empresas no hay empleo y no generamos riqueza. Pero una generación de riqueza que produzca más desigualdades no merece la pena.

¿Sigue visitando a Aitzol Etxaburu?

-Sí. Mi mujer y yo vamos cada dos meses a la prisión de Clairvaux, al este de París. En la cárcel se casó con Iera y mi mujer y yo fuimos los testigos con el alcalde del Frente Nacional (sonríe). Francia permite visitas de día completo en una habitación. Hablamos de todo. No siempre coincidimos pero nos escuchamos. Nosotros no tenemos esperanzas de que a corto plazo le acerquen, pero él sí.

¿Por qué su optimismo?

-Los presos en Francia ven que el acuerdo de las autoridades francesas con los artesanos de la paz se ha ido concretando en el acercamiento de presos con condenas más largas. La disolución de ETA creo que ayudará al acercamiento. Esperemos que también en España.