Opinión

La presidencia catalana y sus consecuencias

Por Mikel Arana - Sábado, 12 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

en ocasiones, hay decisiones que acarrean efectos mucho más allá de lo que, a priori, cabría esperar. El nombramiento de Quim Torra como candidato a la presidencia de la Generalitat primero y su efectivo nombramiento después es una de estas ocasiones.

Aunque ahora cueste verlo, esta decisión puede suponer el final de la trayectoria política de Puigdemont, del mismo procés y apurando mucho, hasta de las esperanzas de Ciudadanos para alcanzar la Moncloa. Me explico.

Puigdemont ha de saber que, por muy de confianza que sea Quim Torra y por mucho gobierno en el exilio que presida, su decisión supone, de facto, su desaparición de la vida política catalana, al menos en el corto plazo, y mucho más si finalmente Alemania decide extraditarlo por sedición. Y ha de saberlo, porque él mismo fue designado en su día como sucesor de quien había ganado las elecciones pero no pudo ocupar la presidencia. ¿Alguien recuerda ahora a Artur Mas?

Pero es que aún en el caso de que Quim Torra se mantuviera fiel a Puigdemont en los términos que hayan acordado y este no entre en prisión, si tal y como ya se ha anunciado, la pérdida de vigencia del artículo 155 trae consigo la apertura de un proceso de diálogo en Catalunya, ello supondrá el dibujo de un nuevo escenario del que Puigdemont no podrá participar.

Y vistas las consecuencias penales y personales, además de políticas, que ha generado el procés, es muy posible que el mismo, tal y como hoy lo conocemos, desaparezca. Y sin procés no hay gobierno en el exilio, claro, y mucho menos si tenemos en cuenta que el nombramiento de Torra será responsable, además, de que Mariano Rajoy pueda agotar la legislatura.

Si, tal y como anunciaba Andoni Ortuzar, la semana que viene a más tardar, en Sabin Etxea reciben la llamada del presidente del Gobierno español para abordar la segunda fase de la negociación de los presupuestos;lo que hasta hace poco, con el 155 en vigor, era algo más delicado, ahora mismo es evidente (por más que pretendan convencernos de que aún está por decidir) que las cuentas públicas serán aprobadas.

Habrá que estar muy atentos, además, a las contrapartidas que obtenga el PNV para garantizar sus cinco votos. Porque, si bien los jeltzales en la primera parte de la negociación no quisieron apurar todas sus opciones, a nadie se le escapa que esta puede ser la última oportunidad de plantear (al menos esta legislatura), cuestiones tales como la transferencia de prisiones, algún gesto en relación con el acercamiento de presos o algún avance en materia de nuevo estatus, aunque no sea más que bajar el tono de la crítica. Y todo gracias a Quim Torra.

Así pues, y vuelvo al principio, el nombramiento de Torra no solo supondrá un cambio ahora mismo difícil de imaginar en los destinos de los catalanes y las catalanas, y de los vascos y las vascas, sino que pude ser determinante para limitar las opciones electorales de Albert Rivera.

Un Rivera que, si bien en la actualidad parece que mantiene todas sus opciones, habrá que ver cómo aguanta el paso del tiempo aprobando los presupuestos del PP, manteniendo al número dos de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid y, a pesar de todo, intentando escenificar unas diferencias con Rajoy, que, a día de hoy, nadie más que él somos capaces de ver.

No deja de ser irónico que aquello que hizo fuerte a Ciudadanos, esto es, el procés catalán, arrastre en su resolución consigo todas las opciones de gobierno de los naranjas.

Puro efecto dominó político.

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